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Archive for 27 septiembre 2009

El pasado día 14, publicaron en la sección de cartas al director de El País, en su versión digital elpais.com, Foros, una de mis cartas que se titulaba como el post que escribí aquí hace unos días.

 

El alcohol, el botellón y la ley que no se parió

Hace más de dos años, el proyecto de ley para regular el consumo de alcohol entre los jóvenes fue abandonado por presiones económicas y electoralistas.

La propia ministra de Sanidad, en aquel momento Elena Salgado, decía en la entrevista realizada por su diario el 22 de febrero de 2007: “espero que este tema se convierta en los próximos meses en una inquietud social”.

Por fin este tema se ha convertido en una inquietud social, sobre todos después de los hechos producidos en las fiestas de Pozuelo.

¿Y ahora qué? ¿Vamos a hacer algo al respecto o seguimos pensando que cada uno puede beber lo que quiera y nadie le tiene que decir nada?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, víctima de un siniestro de tráfico por el alcohol que otro tomó. Alcobendas  

 

.Esta carta, por ahora,  ha tenido 253 visitas y un comentario. 

 

El día 20 de este mismo mes, alguien que escribe con el nick “jo.lopez”, hizo un comentario a mi carta, que es el que recojo a continuación:  

 

 

Estimada Sra.
Para que un tema como éste se convierta en “inquietud social” debe empezar a concienciarse a los niños en las guarderías, para que dentro de 10 o 15 años los jóvenes lo vean mal y no beban alcohol.
Eso ha ocurrido con el tabaco.
Cuando yo tenía 16 años, mas o menos por el año 78, fumábamos en clase.
Hoy 30 años después no entro en un bar dónde se permita fumar.
He trabajado durante quince años en una empresa que comenzó a aplicar las restricciones al tabaco cuando empezaron a plantearse en Estados Unidos. Aquí se veía como algo excéntrico.
Para evitar que las personas conduzcan con una tasa de alcohol superior a la permitida hay que sancionar ejemplarmente, como se hace en otros lugares de Europa, dónde además, no está prohibido el consumo de alcohol.
Eso significa que, usted señor o señora respetable, y de mediana edad, padre o madre de familia, es detenido en un control rutinario dónde verifican la documentación y el estado del coche, con mas alcohol en sangre que el nivel permitido y se pasa dos fines de semana en prisión.
Nada de quitar puntos o multas, que quizá usted puede pagar y entender como una especie de impuesto revolucionario por parte de las autoridades. ¡Dos fines de semana en prisión!.
Y sí, por su experiencia entiendo que usted querría ese tipo de sanción para aquel que le arrebató a su hija.
Pero ahora véase entre rejas después de una boda, de una cena de Nochebuena, de un aniversario o de una celebración cualquiera.

 

Como mi carta fue puesta directamente en el foro por personal de El País y mi impericia informática me impide contestar en esa misma sección, quiero hacerlo desde aquí, aún a riesgo de que sea un “Correo sin entregar” más, y nunca le llegue a jo.lopez, aunque hubiera sido  más fácil si hubiera puesto el nombre completo.

 

Esta es mi contestación para jo.lopez:

 

Me ha llamado especialmente su comentario. Parecía que era uno de los míos. Me refiero una persona que está por la lucha por la educación, las buenas formas y evitar muertes en carretera. Pero el final de su comentario me ha dejado perpleja:

 

“Pero ahora véase entre rejas después de una boda, de una cena de Nochebuena, de un aniversario o de una celebración cualquiera” 

 

¿Cree que me importaría? ¿Cree que no lo pienso? ¿Cree que no tomo precauciones para que no sea así? ¿Se da cuenta que está hablando con una persona que ha perdido a  su hija por este motivo?

 

No soy una persona santa y pura, soy un simple mortal a la que me pueden coger realizando alguna pequeña infracción como a cualquiera, más por despiste que por otra cosa, pero no creo que me pudieran detener con una tasa de alcohol por encima de los límites. Y si así fuera, prefiero que me lleven a la cárcel que poder provocar un incidente en el que muriera o saliera herido Ud. o cualquier otro.

 

Y no me canso de hacer estas advertencias a los que conozco o tengo más cercanos, pero de ellos, como comprenderá, no puedo responder.

 

Creo que queda contestada su última reflexión. Pero, ¿y Ud. estaría dispuesto a ir a la cárcel?

Entiendo que una noche en el calabozo no mata a nadie y sí da mucho que pensar, pero, mientras que no haya una ley que diga esto, otra que impida fumar, otra que no deje hacer botellón, etc, etc, todas prohibitivas porque no somos los suficientemente maduros o educados para saber lo que hay que hacer en cada momento, me conformo con los controles, las multas, las retiradas de puntos, carnet y lo que sea.

 

¡Por supuesto que todo me parece poco! Y, personalmente,  nada ya me sirve para restaurar mi pédida.

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, víctima de un siniestro de tráfico por el alcohol que otro tomó. Alcobendas  

coche-helena1

(Estado del coche de Helena después del impacto)

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La menina de Alcobendas

La menina de Alcobendas

El Parque de Educación Vial de Alcobendas, inicia el curso escolar con dos cursos, dirigidos a jóvenes de 14 a 16 años que deseen obtener la licencia de conducción de ciclomotores.

Los cursos se iniciarán, con las clases teóricas, a primeros de octubre y tienen una duración de ocho semanas, impartiéndose una sesión semanal (lunes o miércoles) de 16:00 a 18:30 horas en el Parque de Educación Vial. Los participantes aprenderán a conducir de forma segura el ciclomotor, recibiendo, además, nociones de primeros auxilios y mecánica básica aplicada a estas motos. Las clases prácticas comenzarán una vez superada la prueba teórica, las fechas y el horario de las mismas serán fijados por el Parque de Educación Vial.

Estos cursos tienen las plazas limitadas a un total de 25 por grupo y son gratuitos, aunque para realizar el examen deberán abonarse las tasas fijadas por la Dirección Provincial de Tráfico, el primer día del inicio de los cursos. Los alumnos tendrán que superar las pruebas pertinentes que, según la nueva normativa, serán dos: una teórica y otra práctica.

Los jóvenes interesados en estos cursos, que comienzan el 5 y el 7 de octubre, deben tener los 14 años cumplidos en el momento de inicio del curso, no superar los 16 años y saber montar en bicicleta. Del mismo modo deberán tener en vigor, durante el período del curso, el Documento Nacional de Identidad o pasaporte (para españoles) y tarjeta de residencia (en el caso de extranjeros).

Para inscribirse basta con realizar la tramitación en Imagina (C/ Ruperto Chapí, 18), de lunes a viernes, de 9 a 14 y 17 a 21 horas. El plazo para realizar esta inscripción comienza el lunes 21 de septiembre. La documentación que deben presentar es una fotografía tamaño carné, una fotocopia del DNI o pasaporte y tarjeta de residencia (para extranjeros), una autorización materna o paterna y una declaración jurada firmada por el participante según los modelos que se facilitan en Imagina. La inscripción se realiza por orden de llegada, y hasta cubrir plazas, presentando la documentación completa. La información la amplían en el teléfono 91 659 09 57.

Parque Municipal de Educación Vial.

Casa de la juventud de Alcobendas

Y para aquellos que superéis este curso, tenéis como regalo la pegatina de ¡Quiero Conducir, Quiero Vivir! Eso es por mi cuenta, para vuestros cascos. No tenéis nada más que pedírmela. Espero que  con ella no se os olvide que hay que conducir con responsabilidad y no hacer caballitos.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó, a la hora de conducir.

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Felicidades

felicidades

(Recordatorio de cumple en una de las agendas de Helena)

Este post no es hoy para ninguna madre con o sin hijos. Este escrito de Felicitación, hoy, es para el más experto en pañales y biberones; el mejor compañero de juegos; el mejor caballito; el provocador de risas hasta llegar al hipo; el cómplice en salidas y compras; el mejor “conseguidor” de entradas para cualquier evento; el taxista de salidas y recogidas; el rey negro de todos los años; el mejor y el más exigente para inculcar ilusión en los estudios; el más protector.

 El mejor y único “papi de Helena”.

 ¡¡¡FELICIDADES!!!

Helenajugando

(Helena y su padre por los suelos, como siempre, jugando)

 Flor, mamy de Helena. (Las fotos de este blog son personales. No utilizar sin permiso)

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Tendría unos 11 años cuando fui por primera vez a Comarruga ( Coma-ruga en catalán.Tarragona). Era la primera vez que iba a la playa y a partir de ese momento, durante varios veranos, mis vacaciones fueron por playas de esa zona, y se convirtieron en alguno de los mejores recuerdos que tengo.

 

Ayer, leía con gran estupor una noticia relacionada con esa playa, pero el tema no me traía buenos recuerdos como mis veraneos de niña, sino recuerdos de los estragos que hace el alcohol.

 

La noticia habla de la sentencia a una joven que siendo menor y desde el asiento del copiloto, atropello a un hombre casado y padres de un hijo. Esta joven había salido de una discoteca de Comarruga y, según la noticia,  había salido rabiosa por que se había enfadado con los amigos.

 

La joven, que curiosamente no conducía, triplicaba la tasa de alcohol. ¿Qué tasa? ¿La tasa para matar, la tasa para bailar, la tasa para destrozar una vida?

 

La noticia no especificaba si a la persona que atropelló dando un volantazo desde el asiento del copiloto era conocida o no para la joven, si tenía algo que ver con su enfado. Supongo que no. Fue solo la víctima de tantas copas.

 

Han condenado a la joven, por  “homicidio previsto”, a dos años de internamiento y otro de libertad vigilada bajo asistencia educativa.

 

Un día antes de leer esta noticia, me llamaba la atención, también, el artículo titulado “La última Copa” de la sección “El acento” de El País. Este artículo que se titula casi como mi eslogan “La última copa siempre la pago yo”, hablaba también de los estragos que produce el alcohol. Claro que últimamente, desde lo de Pozuelo, todo el mundo opina sobre el botellón. Pero recuerden que hace unos años, la ministra Elena Salgado, por entonces ministra de Sanidad, quiso hacer una ley para regular el consumo de alcohol de los jóvenes y todo el mundo puso el grito en el cielo. Incluso altas personalidades como un expresidentes de gobierno.

 

Más de dos años después de este intento, seguimos sin ley y con botellón. Ahora, la organización médica colegial pide que se recupere el proyecto. Algunos municipios prohíben o se plantean prohibir el botellón y todos nos cuestionamos el tipo de educación que tienen nuestros jóvenes.

 

Tal como anunciaba Elena Salgado en la entrevista de El País  del 22 de Febrero de 2007: “espero que este tema se convierta en los próximos meses en una inquietud social”, la inquietud social ha aparecido, pero ha tardado más de dos años

 

¿Por fin vamos a hacer algo al respecto?

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó

(Cartas al director relacionada: el alcohol, el botellón y la ley que no se parió)

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En cuatro días he leído y oído sobre educación más que en los cuatro años que llevo escribiendo y en los 3 años de este blog que de lo que habla, al fin y al cabo, es de educación.

 

Y lo he comprobado a través de varias modalidades: artículos como “Disparad contra la ilustración” de Rafael Argullol, donde se muestra como la falta de ilusión o motivación de los estudiantes de universidad lleva al abandono de las misma por parte de muchos profesores. Las declaraciones del ministro de Educación, varias, a raíz de los sucesos de pozuelo, aunque por elegir una he elegido la titulada “Gabilondo reclama a los ayuntamientos planes de ocio y cultura para los jóvenes“. Las cartas de los lectores al director, como la de Pedro Taracena Gil,  “El botellón goza de buena salud”. O el artículo de Elvira Lindo,  “Educación”.

 

Todo ello, como decía, tiene como base, origen, tema, la educación de nuestros jóvenes y yo diría mucho más: la educación de esta sociedad.

 

Creo que todos entenderán como me siento cuando veo, leo, escucho el tema del botellón. Algo con  lo que nunca estuve de acuerdo, pero desde que murió mi hija, es un dardo que me envenena y me mata, porque el botellón es el origen y la consecuencia de que este país sea un país de borrachos, especialmente a la hora de conducir.

 

Cuando mi hija estaba de cuerpo presente ya nos llegó la noticia de que el causante de la muerte de mi hija iba conduciendo borracho y la primera noticia es que venía de un botellón. Después, con el tiempo, se nos aclararon muchos datos. No era exactamente de un botellón. Venía de beber en la cantina de un campamento militar, el campamento San Pedro de Colmenar Viejo.

 

En los primeros momentos, ni siquiera tenía un sentimiento específico hacia esa persona. Recuerdo que entre lágrimas decía: “me han dicho que el que ha matado a Helena había bebido. Por favor, decidle a los jóvenes que no beban, ¡Por Dios!” ¡Qué ilusa!

 

Desde entonces, no he hecho otra cosa que sufrir la locura de mi dolor y tratar de cambiar la mentalidad de esta sociedad a la hora de conducir.

 

En estos días, después de los hecho de Pozuelo, cuando esta sociedad parece que se remueve porque se ha dado cuenta que beben y se vuelven energúmenos sin educación y civismos no sólo en las capas más bajas de nuestra sociedad, sino incluso en los que se supone tienen buena educación y no pertenecen a familias desestructuradas, sin medios económicos, en barrios marginales, etc., me entristece pensar que mi hija fue víctimas de esta sociedad, aunque nosotros sacrificamos nuestras vidas e hicimos su vida menos agradable intentando y consiguiendo que fuera una persona educada y que, después de estos cuatro años, los padres siguen sin poner orden en sus casas.

 

Sigo pensando que los padres somos los culpables de todo.

 

La educación se pone en casa. Los hijos imitan lo que ven. Los padres beben en casa lo que lo hijos beben en la calle.

 

Los límites los tienen que poner los padres y son los primeros que tienen que dar ejemplo de autoridad y respeto a la autoridad. Mientras que los padres no respeten a profesores, policías o autoridades, ¿qué queremos que respeten nuestros hijos?

 

Con el alcohol queremos tapar muchas cosas: frustraciones, tristeza, miedos, pero, a la vez, son la consecuencia de violencias, enfermedades, falta de ilusión y la muerte del propio que lo consume y de víctimas inocentes: el bebedor pasivo.

 

Y, como en los siniestros de tráfico, no se arreglará mientras que no nos impliquemos todos. En especial los padres.

 

Por favor, revisad los artículos dentro de la categoría alcohol  y educación de este blog.

 coche-2

 

 (Estado en que quedó el coche de Helena después de recibir el impacto del coche conducido por el conductor que lo hacía bajo lo efectos del alcohol)

  

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

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Han pasado más de dos años desde que escribí este post y mi estado, mis sentimientos, mi pena y mi desasosiego siguen siendo el mismo. Y los muertos en las carreteras, un verano más, produciendo el mismo dolor.

Hace dos años estaba muy lejos de pensar que mi vida cambiaría tan radicalmente.

Hace dos años era una persona más o menos feliz, con los problemas cotidianos, con la lucha diaria, con las preocupaciones normales de cualquier madre y con la protesta continua de “esta habitación es un desastre” o “aquí nadie me ayuda”.

¿Qué tiene que ver esto con un blog sobre seguridad vial?

Mucho, porque en cuestión de 24 horas mi vida pasó a no ser vida y si en el cielo está la gloria, en la carretera encontré el infierno.

Un infierno que habré de pasar en la tierra, por el resto de mi vida.

Esta noche quisiera ser poeta, para poder escribir los versos mas triste de mi vida, pero yo no sé escribir y no soy poeta, por eso me tengo que servir de los que tienen que ese don.

Cada una de las lágrimas que brotan de mi corazón podrían ser versos, palabras dulces que se derriten con el calor de mi pecho pensando que abrazo a mi amada hija. Pero son sólo agua, lágrimas, porque yo no sé escribir versos.

Mi querida niña ¡Cuánto te quiero! ¡Cuánto te extraño! ¡Cuánto te espero!

 Pero yo no sé escribir versos. Sólo se decir ¡Cuánto te quiero! 

calas Cordo

Las calas de Helena  en el blog “Madres sin hijos”

ERA APACIBLE EL DÍA…

 

Era apacible el día
y templado el ambiente
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa,
durmiendo se moría.

Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!

Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse…, ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la hierba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amorosa afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, por que es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.

En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Mas… es verdad, ha partido,
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere,
cual todo nace, vive y muere acá.

Una luciérnaga entre el musgo brilla
y un astro en las alturas centellea,
abismo arriba, y en el fondo abismo;
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?
En vano el pensamiento
indaga y busca lo insondable, ¡oh, ciencia!
Siempre al llegar al término ignoramos
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.

Arrodillada ante la tosca imagen,
mi espíritu, abismado en lo infinito,
impía acaso, interrogando al cielo
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana
con sus ecos responde a mis gemidos
desde la altura, y sin esfuerzo el llano
baña ardiente mi rostro enflaquecido.
¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan sólo
lo puedes ver y comprender, Dios mío!

¿Es verdad que lo ves? Señor, entonces,
piadoso y compasivo
vuelve a mis ojos la celeste venda
de la fe bienhechora que he perdido,
y no consientas, no, que cruce errante,
huérfano y sin arrimo
acá abajo los yermos de la vida,
más allá las llanadas del vacío.

Sigue tocando a muerto, y siempre mudo
e impasible el divino
rostro del Redentor, deja que envuelto
en sombras quede el humillado espíritu.
Silencio siempre; únicamente el órgano
con sus acentos místicos
resuena allá de la desierta nave
bajo el arco sombrío.

Todo acabó quizás, menos mi pena,
puñal de doble filo;
todo menos la duda que nos lanza
de un abismo de horror en otro abismo.

Desierto el mundo, despoblado el cielo,
enferma el alma y en el polvo hundido
el sacro altar en donde
se exhalaron fervientes mis suspiros,
en mil pedazos roto
mi Dios, cayó al abismo,
y al buscarle anhelante, sólo encuentro
la soledad inmensa del vacío.

De improviso los ángeles
desde sus altos nichos
de mármol me miraron tristemente
y una voz dulce resonó en mi oido:
«Pobre alma, espera y llora
a los pies del Altísimo:
mas no olvides que al cielo
nunca ha llegado el insolente grito
de un corazón que de la vil materia
y del barro de Adán formó sus ídolos.»

(Rosalía de Castro) Publicado lunes, 16 de abril de 2007 20:40 por FZ_madredHelena

 

 

 

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Cada verano, desde que comencé este blog, escribo con el deseo de que no sea el último verano, y con el recuento macabro de los que no volverán.

 

De momento, son 377 los que no han vuelto este verano. Y digo de momento, porque los números nunca cuadran cuando se refieren a personas. No recogen todos los muertos, ni todos los que morirán como consecuencia de un accidente de tráfico.

 

Me disponía escribir sobre estos 377 y sobre esos que cada día se han salvado, con relación al año anterior, una persona diaria, cuando he tenido información de uno que a partir de este momento no es un número dentro de un total, sino que tiene un nombre: Sergio.

 

Iba a comenzar diciendo que de nada sirve que estas últimas vacaciones hayan muerto 77 personas menos que el año pasado, porque en sus casas no sabrán que tienen la enorme suerte de tener una segunda oportunidad. Ellos no se harán mejores personas y darán más besos, porque ellos no saben, no piensan que podían haber sido uno de esos 377 y no entenderán que los besos que no se dan se pierden.

 

Ellos no serán titulares de una noticia en la que pertenecen a un número pero además tienen iniciales, como  G.M.V. de 14 años (30 de junio), por empezar por el principio del verano, o Juan Antonio D.B de 57 años, para seguir con  J.L.R. de 16 años.

 

Hoy, he tenido la suerte y la desgracia de conocer que uno de esos, no menos muertos sino para su familia un muerto más en la carretera se llama Sergio. Un comentario en el post que recoge su muerte me lo ha revelado. Y como he puesto en mi comentario de contestación, si los datos de la noticia aparecida en los periódicos son correctos, Sergio murió en uno de esos puntos negros de la M-607. Lástima que el mismo día que yo escribía sobre esta nueva muerte en la M-607, Esperanza Aguirre fuera noticia por poner la primera piedra de las nuevas obras que se van a llevar acabo en el entorno de Colmenar Viejo y El Soto, para desdoblar la carretera en unos cuantos kilómetros. A Sergio y la mujer que perecieron en el km. 44 estas obras ya no les afectarán.

 

Cuando escribí el post los accidentes del Km. 44 dela M-607, me dijo mi marido que por qué no hacía una investigación de las muertes que se habían producido en la asesina M-607 y propicio una revolución para que se arregle esta carretera. Le contesté que, a veces, me faltan las fuerzas, porque no es fácil estar rememorando mi dolor con el dolor de los otros y no encontrar ni un comentario.

 

Son muchos de nuestros seres queridos lo que se han quedado en esa carretera y sólo he recibido un comentario. El que se refiere a Sergio.

 

Esther, la madre de Juan va a necesitar mucha ayuda para llevar adelante su lucha contra los puntos negros, a ver quién la apoya.

 

Parece que seguimos teniendo una aceptación, un conformismo, una resignación en lo referido a los accidentes de tráfico ¡En los mal llamados accidentes de tráfico!

 

Las víctimas de cualquier accidente de aviación piden respuestas. Están en su derecho. ¿Pero quién se pregunta por qué murió su familiar? ¿Cuántos se conforma cuando les dicen “se desconocen las causas”? ¿Cuántos siniestros de tráfico se quedan sin investigar?

 

Hasta cuando pensaremos y aceptaremos que es normal morir en la carretera.

 

Quiero terminar con un párrafo de Clara, la prima del amor de Sergio:

 

…Suele decirse que no morimos del todo hasta que dejan de recordarnos… Y espero que con este comentario, recordemos a Sergio y a todos los que han fallecido tristemente en los crueles puntos negros de nuestra geografía más oscura, un poquito más, para que mueran un poquito menos…

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, víctima de un mal llamado accidente de tráfico.

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