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Archive for 30 abril 2010

Hemos conseguido reducir un  50% las muertes en accidentes de tráfico. Según las autoridades, 8.000 muertos menos. Yo no estoy orgullosa.

Yo no me consuelo. Yo no pienso que se han salvado 8000 vidas. Yo recuerdo a los familiares de los “alrededor de 2.600 personas” que murieron el año pasado. A los padres de los jóvenes de Caldas de Reis, por hablar de los últimos. Yo recuerdo a mi hija, que pertenece a la estadística del año 2.500, cuando hubo 4.442. Yo sigo sintiendo mucho dolor.

No nos sintamos orgullosos. Alrededor de 2.600 muertes son muchas muertes.

Sigue habiendo muchos puntos negros, muchas carreteras en mal estado, muchos borrachos y drogados en las carreteras, muchos indeseables con exceso de velocidad y violencia, muchos jóvenes sin experiencia. Claro, como no,  acaban de empezar, pero ese no debería ser motivo para que cuando obtienen su carnet sepan conducir perfectamente, aún sin experiencia.

Queda mucho por hacer. No nos fijemos sólo en las estadísticas. Cada número lleva detrás una cara,  y mucho dolor para los que ya no la vuelven a ver.

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Han pasado de 57 días de la grabación de Esther, la madre de Juan, de un accidente en la curva del Km. 28,800 de la M-607, el mismo lugar donde murió su hijo. Y la comunidad de Madrid ha empezado unas obras que parecen ir encaminadas a cambiar esa curva pero, de momento, ese lugar es más que peligroso.

Esther ha hecho una nueva grabación: del estado de ese punto negro con las obras, del asfalto de esa carretera y de los accesos a la misma, muy, muy peligrosos.

A ella le parece que van muy despacio. Lógico. Pero yo creo que su labor está dando más que frutos. Otros han denunciado puntos negros y no tienen la misma suerte. Recuerdo en este momento un famoso punto negro, “la aparecida”. Fueron bastantes personas las que perdieron la vida en este punto y no sé en qué habrán terminado las reivindicaciones de los vecinos.

Yo creo que el caso de Esther ha sido uno de los pocos que ha producido que las autoridades se hayan puesto manos a la obra, después de lo evidente de su vídeo. Ahora, habrá que esperar a ver cómo lo solucionan.

De momento, este es el vídeo de la situación en que se encuentra este punto negro.

Gracias, Esther, por seguir luchando por la vida de otros.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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La vida se rompe con extrema facilidad y, en los mal llamados accidentes de tráfico, tenemos la muestra. Cristina Turrau, periodista del Diario Vasco, ha realizado un artículo titulado “Cuando la vida se rompe”, sobre tres madres que han perdido a sus hijos y cómo sobreviven.

Este artículo no podría ser más oportuno, cuando en las carreteras y con tan solo una semana de diferencia, se han ido produciendo muertes muy dramáticas.

Los familiares de estas nuevas víctimas comienzan un camino de dolor largo y duro.

Gracias, Cristina, por el mensaje esperanzador y por la coincidencia de la publicación de este artículo,  en el aniversario de Helena y de los jóvenes de Oñati:

AFRONTAR EL DUELO

Cuando la vida se rompe

Tres madres relatan cómo han aprendido a vivir tras la muerte de sus hijos

18.04.10 – 02:42 –

CRISTINA TURRAU cturrau@diariovasco.com | SAN SEBASTIÁN.

 

Aitziber estudiaba Comunicación cuando murió, a los 22 años. Por eso su madre, Mariví Pinedo, responde a la periodista. «Antes no lo hubiera hecho, pero ahora pienso que me hubiera gustado que a ella le hubiesen atendido como a tí y por eso te contesto». Aitziber murió mientras dormía en su casa de Legazpi. Se acostó «llena de vida» y, por la mañana, había fallecido. Ocurrió hace un año. Sus padres han trabajado el proceso de duelo con el psicólogo Patxi Izagirre. Y como otros que han pasado por este duro camino, saben el proceso que tendrán que recorrer las familias de los cuatro jóvenes de Eibar fallecidos en accidente la pasada semana y las de los que ayer perdieron la vida en Orio. Lo mismo que la familia de Marta, que perdió la vida en Marruecos. «Al principio es muy duro, sobre todo el aceptarlo», relata Mariví. «Creo que estuve mejor al principio, porque no te lo crees. El primer día, los siguientes, el del funeral, rodeada de gente, estás como en una nube».

Ocurre que llegan días peores. «Cuando te das cuenta de lo que ha pasado, resulta imposible de creer. Mi hija, 22 años, con toda la vida por delante, se ha ido. Ni siquiera buscas razones. Te quedas en blanco, con una sensación de vacío impresionante. Nada te llena. Piensas que no va a haber vida para ti. En nuestro caso era una hija única. Estaba mi marido, mis padres, mis hermanos, mis amigos. Pero te parece que no va a haber vida para ti. Todo está vacío. No tienes a nadie. Sólo te falta ella y siempre estás buscándole. Al principio lo pasé muy mal y por eso fuimos a trabajar el duelo con el psicólogo Patxi Izagirre».

Hoy sabe que resulta básico pedir ayuda y que, aunque el psicólogo puede darte pautas para no caer en el abismo más profundo, «el reto de superarlo está en ti». «Es cuestión de ir dando la vuelta a algo que en el primer momento te parece imposible. Al llegar a casa el vacío era tan grande que sentía como si aquel ya no fuera mi hogar. Lo más terrible es no ubicarte en ningún sitio. Poco a poco te convences de que debes salir del agujero y aceptar lo que ha pasado».

La pareja se propuso salir a la calle, estar con los amigos. «Muchas veces te encontrabas allí físicamente, pero en realidad no estabas. Poco a poco, llorando todos los días y sufriendo mucho, empiezas a descubrir que hay algo que te hace un poco de ilusión. O que has logrado despistarte. Porque al principio eran las 24 horas con ella en la cabeza, sin poder pensar en otra cosa. Luego ves que han pasado cinco minutos sin pensar en ella o te has centrado en otra cosa. Al principio no puedes lograrlo. Y llega un momento que eso te agobia mucho».

Aceptó que Aitziber no volvería. «Era la única forma de poder seguir viviendo. Lo que queda, si no, es seguirle a ella. Y aunque a veces lo pienses, porque crees que para ti ha terminado todo, te das cuenta de que hay que salir».

También conoció la sensación, -muy comentada en los grupos de trabajo de padres que han perdido un hijo- de sentirse mal por sentirse bien. «Hay que luchar contra eso. Yo quería a mi hija con toda mi alma, pero hay que continuar. Y así es el proceso. Con muchos baches, con muchos llantos, días malos, días buenos, momentos malos y buenos, ir saliendo».

Volvió pronto al trabajo. «Al principio no me centraba nada pero fue una buena decisión. Los amigos, la familia, nos han ayudado mucho». Sigue habiendo momentos malos. «Esto es para toda la vida».

Ahora valora más el ‘hoy’, sin hacer planes a largo plazo y sin perder la ilusión. «Para mí eso es básico. Si no, te hundes». ¿Cuáles son ahora sus ilusiones? «En un primer momento fue la vida con mi marido. El golpe nos unió más. También puede pasar lo contrario. Muchos matrimonios se separan a raíz de la muerte de un hijo. Y ahora, el día a día, las cosas pequeñas: una vuelta por el monte, salir a tomar unos vinos. Esta Semana Santa hemos salido fuera con amigos. Nunca es lo mismo. Pero esos momentos que pasas bien, distraída, son válidos. También hay otros que estás un poquito más baja».

Marivi se encuentra «bastante bien» sin haberse olvidado de su hija y sin haber dejado de quererla. En los grupos de trabajo se habla de llegar al ‘recuerdo agradecido’. ¿Lo ha conseguido? «Desde luego. Pienso en ella recordando lo que fue su vida y todo lo que nos dio. Que fue muchísimo. Te acuerdas de lo alegre que era. De todo lo que te quería. De lo que te ayudaba. De lo que te acompañaba. De lo que te decía. Y le agradeces el poder haberla tenido entre nosotros».

«Piensas que será él»

Hace cinco años murió el hijo de Pili, junto con otros tres compañeros en un accidente de tráfico en Oñati, cuando volvían de la universidad de Mondragon. Tenía 22 años. «El martes es el quinto aniversario y días como éste o su cumpleaños, son muy malos. Te acuerdas del día en que pasó todo y de todo el proceso. Te sientes mal. Pero con el tiempo hemos logrado aprender a vivir sin él. Cuando vienen estos días somos capaces de recuperarnos antes».

Lo que sintió al principio quedó atrás. «No te lo crees, sientes rabia. Oyes la puerta o el ascensor y piensas que será él. Pero no llega. Y poco a poco te vas convenciendo de que no va a estar con nosotros». Los amigos, la familia y la ayuda profesional han sido muy valiosos para ella. «Uno mismo tiene que hacer mucho. Tienes momentos malos. Pero hay que ir mirando hacia delante. Es muy difícil porque todo son recuerdos. Pero se logra».

Las cuatro familias que perdieron a sus hijos en el mismo accidente han recibido ayuda psicológica conjunta y se sienten muy unidas. «Seguimos reuniéndonos de vez en cuando y lloramos y reímos juntos. A veces quien no ha pasado por ahí no te entiende del todo. De imaginarlo a sentirlo hay un mundo».

La familia puede ahora nombrar a su hijo. «Hablamos de que hay que ir a su habitación a por algo; su nombre suena en casa, está presente. Hablar de él nos hace muy bien. Hay que sacar de dentro el dolor». La hija pequeña, que tenía 18 años cuando murió su hermano y estaba en primero de carrera, «sacó el curso con notas brillantes». «Siempre fue una buena estudiante, pero lo hizo, seguro, pensando en él. Estaban muy unidos. Sacó fortaleza».

Estar acompañados resultó importante para la familia. «Procuraban sacarnos y distraernos. Mando un abrazo grande a los padres de Eibar porque el sufrimiento es terrible y necesitas ayuda. Tanto de amigos como profesional».

Pili ha aprendido a vivir el día a día. «Solemos pensar en el futuro, pero hay que vivir al día. No sabes lo que te va a traer la vida. Aprendes a ser más humilde y a fijarte en lo que ocurre alrededor. La vida cambia y también tus prioridades».

A las familias de Eibar les ofrece un abrazo muy fuerte. «Estamos aquí para lo que necesiten. Al principio lo verán todo muy negro pero después aparece algo de claridad. Logras sonreír. Nuestros hijos nos ayudan muchísimo».

Una madre que escribe

Ayer se cumplieron 5 años de la muerte de Helena. Tenía 20 años. Su coche fue arrollado por el de un conductor con exceso de alcohol. Desde sus blogs ‘Madres sin hijos’ y ‘¡Quiero conducir, quiero vivir!’, Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, lucha para que se reduzcan las muertes por accidentes de tráfico y dedica el primero «a todas las madres que han perdido a sus hijos, por las acciones de otros, por las omisiones de tantos, por la culpa de todos. Y a las que van a ser madres, para que no los pierdan».

Los días de aniversario son especialmente difíciles para ella. Explica que 5 años después «el dolor es el mismo, la pena inmensa, pero la angustia que te sube hasta la garganta se va apaciguando». «Nadie podría seguir viviendo con los efectos físicos que produce el dolor de los primeros momentos».

Ha aprendido a vivir con esa pérdida. «Se sobrevive. Tiendes a normalizar la vida, aunque nunca será igual a como la vivías anteriormente. Eso es imposible». Aún hay sobresaltos. «El corazón da un respingo cuando ves a alguien que se le parece, viste parecido, tiene su pelo. En ese momento sientes que va a aparecer, pero cada vez tienes más claro que eso no va a suceder. La tristeza sigue persistiendo, especialmente en los días de recuerdo: cumpleaños de ella o del resto de familia, vacaciones, navidades, aniversario de su desaparición».

¿Ha cambiado Flor? «He intentado e intento ser mejor persona. Pienso que he tomado las riendas de mi vida en muchos aspectos. En ese sentido me he hecho más egoísta. Es normal. Es un recurso para curarte, sanar esa herida. Realizo cosas que me gustan y antes nunca encontraba tiempo para hacerlas. Son pequeños recursos para engañarse y seguir viviendo. Quien pierde un ser querido tiene que reinventarse la vida. Y los que hemos perdido al único hijo que teníamos, con mayor motivo, porque nuestro futuro, nuestro objetivo, nuestra continuidad, se perdió con él».

Flor, que vive en la localidad madrileña de Alcobendas, ha descubierto que le gusta escribir. «Con la escritura realizo mi terapia particular. Vuelco mi dolor y canalizo la energía que produce la rabia, la impotencia, que en muchos casos se convierte en odio. Por ahora mi inspiración sigue siendo la pérdida de mi hija y la seguridad vial. Además de mi objetivo primordial de tratar de evitar otras muertes, ahora también intento escribir de una forma más literaria. Quizás la finalización de ese duelo se produzca cuando sea capaz de escribir sobre otros temas».

En su cruzada contra las muertes de jóvenes en la carretera, Flor encuentra que es difícil luchar contra las ‘hormonas’. «Los jóvenes no piensan morirse, pero se matan. Sus hormonas les evitan el miedo y les acercan al peligro. Lógico y natural. Son las trampas de la naturaleza, pero para algo están los adultos, los padres, las autoridades.

Insiste en la necesidad de la educación vial y no sólo para los jóvenes. «Los niños que ahora están en el colegio es muy posible que no tengan accidentes por no llevar el cinturón puesto, el casco o por ir bebidos. Pero hasta que esta generación llegue al volante son los padres y las autoridades los que tienen que estar ahí, recomendando, advirtiendo, controlando, exigiendo, asistiendo. Se educa con el ejemplo «y con unas sanciones y leyes justas. Prohibir es, de momento, una forma de evitar».

Menos muertes en carretera

En 2005, el año en que murió Helena, hubo 3.332 muertos en carreteras. En el año 2009, 1.902. «La concienciación, el carnet por puntos, los radares, las modificaciones de la ley penal en lo referido a la seguridad vial, la implicación de los políticos y los medios de comunicación, ha contribuido a ello. Y, por supuesto, las víctimas. Las asociaciones de víctimas se han implicado en terminar con esta lacra».

Queda mucho trabajo por hacer. «Por parte de los padres, no poner en manos de nuestros hijos coches más potentes de lo que pueden correr. Ni coches viejos e inseguros. Una buena educación es responsabilidad y amor a la vida, la propia y la ajena. Por parte de las autoridades, que sigan quitando de nuestras carreteras a indeseables e irresponsables, generalizar los controles de drogas y alcohol, ejercer una verdadera política preventiva, así como mejorar las vías y eliminar puntos negros, focos de muertes».

Su esperanza está en que otros padres no pierdan a sus hijos. «En que la pérdida de la vida de mi hija no haya sido en balde. Pertenezco a una asociación de víctimas con un nombre positivo y esperanzador: ‘Vida en la carretera’. Esa es mi esperanza, que consigamos, desde nuestras pérdidas, que en la carretera haya vida».

 

 

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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V Aniversario

HELENA CASTILLO ZAPATA

El alcohol que otro bebió, a ella la mató el 17 de abril de 2005, en un mal llamado accidente de tráfico.

Tenía solo 20 años

 

 

 

…cuando no hay ya lágrimas bastantes,

porque alguien, cruel como un día de sol en primavera,

con su sola presencia ha dividido en dos un cuerpo.

 

Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia,

Aunque siempre nos falte alguno;

Recoger la vida vacía

Y caminar esperando que lentamente se llene,

Si es posible, otra vez, como antes,

De sueños desconocidos y deseos invisibles.

 

“La realidad y el deseo”. Luis Cernuda.

 Esta esquela no salió en ningún periodico. Sólo está en nuestros corazones.

 

Helena, unos meses antes de que la mataran

El coche de Helena, después de recibir el impacto de un conductor borracho.

estado en el que quedó el coche de Helena

 

La primera frase que encontré de la colección de Helena fue:

Mas vale pensar en lo que se ha tenido que llorar por lo que se ha perdido.

La última nota de Helena:

Esta fue su última comida. Y su última foto en su última comida.

Ellos comieron con zumo, tenían que conducir. El que la mató, no pensó que tenía que conducir.

Fotomontaje de nuestro amigo Jose Mª Hueso.

Fotomontaje de una de sus últimas fotos.

Y estas la calas de Helena:

¡Cómo te queremos!

Flor y José  María, padres de Helena.

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Llorar por los amigos

El mismo día que escribí sobre los jóvenes de Eibar, envié una de mis “cartas al director” (uno de mis amigos dice que los directores de los periódicos deben temer recibir mis cartas, por la frecuencia, jajá).

Ayer fue publicada esta carta en El Diario Vasco, en su versión de papel. Hoy la he encontrado en la versión digital de diariovasco.com.

Artículos de opinión

LLorar por los amigos

13.04.10 – 02:49 –
Llevo cinco años reviviendo mi dolor en cada uno de los accidentes de carretera de los que tengo noticia, especialmente cuando afecta a los jóvenes. Ese mismo tiempo es el que he utilizado, y continúo, en pedir a los jóvenes que no dejen su vida, que apenas han comenzado a vivir, en el asfalto. Pero cada día se produce una nueva muerte, a veces, como hace unos días en Eibar, cuatro a la vez. Mientras, los jóvenes se reúnen para enterrar a sus amigos, para llorarles, para ver cómo los padres que quedan se pierden en un mundo de dolor y, a la vez, se pierden tantos sueños, esperanzas y futuro. Pero para muchos de los jóvenes estos momentos duran un instante, el momento del entierro; unos días después se olvidan de lo que causó tanto dolor. No lloréis a los amigos. No os quedéis sólo en eso. Haced lo posible para que no se pierdan más. Os necesitamos para que este mundo no se pare. No dejéis vuestras vidas en el asfalto. Vuestro dolor es también el mío.
 
Cada vez que publican una de mis cartas lo agradezco enormemente. Es una forma de encontrar eco a mi lucha.
Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Si bebes y conduces…

Se acercan muy malos tiempos para mí, aunque desde hace cinco años nunca son buenos. Pero me reconforta que en este tiempo hayan sido muchas las personas que se han concienciado sobre el peligro de conducir con alcohol y que somos muchos los que estamos ahí recordándolo, presionando, persiguiendo, evitando que se conduzca con alcohol.

Hace unos días me llegaba un vídeo muy especial. Un vídeo realizado con muy pocos medios pero tan efectivo como la campaña más cara realizada por la DGT.

Me lo enviaba un policía local de Estepona, Carlos Colonil, implicado en este tema de la seguridad vial. Está hecho por él, para la campaña de conductor alternativo “Uno, ninguna”. Hasta ahora en Youtube tiene sólo 247 reproducciones. Me gustaría que llegara a tener tantas como el vídeo de Esther, la madre de Juan.

Gracias, Carlos. Ha sido para mí muy importante que en estos días que estoy especialmente sensible, me llegara tu vídeo. Gracias, por ocuparte y preocuparte por los hijos de los demás.

Y estoy convencida de que Helena sigue por medio de todo esto y no quiere que se pierdan otras vidas por el alcohol que toman otros.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena

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Hoy, en las alertas de accidentes de tráfico que he recibido encontraba la noticia de “Siniestro mortal en la carretera de Alba (Pelabravo)”. Hasta aquí todo parecía un accidente más, aunque ya sabéis que yo no creo mucho en los accidentes, sino en los mal llamados accidentes, pues la mayoría son evitables.

Pero la noticia seguía con: Un hombre causa un altercado, se lanza a la carretera y origina un accidente mortal. El vehículo del joven de 31 años colisionó frontalmente contra otro turismo conducido por un hombre de 78 años que perdió la vida. 

 

¡Hay que joderse!

 

La noticia está llena de datos de una muerte anunciada y lo que no llego a comprender es cómo después de que este chico diese tantas señales de querer llamar la atención, de estar loco en ese momento, cómo no se le pudo detener para evitar esta otra muerte.

 

Enseguida he recordado la viñeta de hace unos días de El Roto en El País.

 

Enseguida he recordado la viñeta de hace unos días de El Roto en El País.

Recuerdo que en una ocasión, en nuestro anterior domicilio, en la urbanización de al lado había un joven con algún tipo de trastorno mental. De vez cuando se oían voces impresionantes, y golpes de puertas o muebles. A veces, se le entendía algo así como “cualquier día me tiro, me tiro, oyes…” Una noche, algún vecino que llevaba años aguantando estos incidentes, se asomó a la terraza y grito: “Tírate de una vez ya”.

Las enfermedades mentales son duramente sufridas por los familiares de los que la padecen, la sanidad en este sentido cada día está peor, y muchos de los accidentes de tráficos son producidos por personas en este estado o por el consumo de medicación o drogas que afecta a la conducción. Pero, lamentablemente, son muchos los inocentes que pagan con sus vidas, el poco aprecio que otros tienen por la propia.

Cada día me parece más sabio El Roto.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por el alcohol que otro tomó.

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Cada vez que sucede un hecho tan horrible y luctuoso como es la pérdida de la vida de un menor a manos de otro, se inicia una nueva polémica sobre la Ley del Menor. Yo no soy jurista, solo soy madre, ahora sin hijos, y soy víctima (de la Ley del mayor, claro) y recuerdo una vez un artículo que hablaba de que los que somos víctimas no podemos opinar porque no somos objetivos y nos mueve el dolor ¡cómo no! Por eso, hoy traigo hasta aquí el artículo que aparece en El País, titulado “No cambien la Ley con un crimen caliente”.

La Ley, a lo largo de la historia, ha ido siempre a remolque de la sociedad que va siempre por delante y a mí me preocupa la sociedad, que es la que mueve el mundo y la base para que exista un mundo mejor. Y me preocupa, más aún que La Ley del Menor, los menores que estamos criando.

El oro día, me impactaba una frase sobre la presunta menor que ha acabado con Cristina: Los psicólogos se han sorprendido de la entereza de la muchacha, así como de la ausencia total de sentimiento de culpa que ha manifestado durante los interrogatorios policiales.

“Ausencia de Sentimiento de culpa”

Durante mucho tiempo, lo que más dolor me producía era que para lo poco que había vivido mi hija no le hubiera hecho la vida más fácil. ¿Por qué le prohibía, le limitaba, le controlaba, le exigía, le pedía, le obligaba? Porque trataba de educarlas y de formarlas como una persona de bien. Porque era su madre y ejercía como tal.

Un niño no sabe de límites, hay que marcárselos. En principio no entiende de bien y de mal. Hay que definírselo. La muerte solo le llega a través de la tele y es como un juego. Los padres son los que tienen que estar ahí para ir formando esas mentes, esos cuerpos, esa futura sociedad.

Cuando comprendí que él que había producido la muerte de mi hija iba a seguir conduciendo y no iba a ir a la cárcel hasta pasado mucho tiempo, porque la Ley en aquel momento era así y lo permitía, comencé a escribir a los jóvenes. La solución no estaba en la justicia, la solución estaba en ellos, en los jóvenes. Si conducían con responsabilidad no producirían accidentes. No tendrían que recurrir a la justicia. Llámenme como quieran.

La Ley del Menor puede endurecerse, también la del mayor, pero a nuestros hijos no nos lo van a devolver más años de cárcel de los culpables, aunque es cierto que la sociedad debe exigir su pago. Sigo pensando que la solución está en la educación. En los padres. Nosotros somos los que hemos hecho algo mal. Y nosotros somos los que lo tenemos que solucionarlo. Pero de nada sirvió que yo tratara de hacerlo lo mejor posible y hubiera otros que no han hecho nada.

Lo que tenemos es lo que hemos creado. ¿Qué pasa con la mano que mece la cuna?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Este titular me lo encuentro en las noticias que  selecciono sobre alcohol y conducción, cada día. Pero hoy tiene un significado especial porque este conductor borracho, con exceso de velocidad y sin carnet porque ya había perdido los 12 puntos, ha matado a dos mujeres en Sevilla.

Sevilla para mí tiene algo más que un olor especial.  Sevilla es un lugar que me trae buenos  y felices recuerdos, porque parte de mi familia vive allí,  porque recuerdo mis visitas a la feria de Sevilla, con mi hija, nuestros trajes, y nuestros intentos por aprender las sevillanas.

Quizás por todo ello,  esta noticia me ha afectado mucho. Y porque recuerdo especialmente a mis amigas de Sevilla, madres que han perdido también a sus hijos, y a las que  supongo les habrá afectado igual o  mucho más. En especial a Gracia, madre de Manolo, que también perdió la vida en este mismo Paseo de Colón y casi en circunstancias parecidas. Él también acababa de bajar de un taxi. En esta ocasión, quien se lo llevó por delante fue una conductora con alcohol.

El caso es que este conductor, uno más de los que debería estar en mi sección de “si bebes sales en los papeles” (y que no me da tiempo de actualizar por la cantidad de noticias que se producen sobre este tema),  F.V.C., ha quitado la vida a dos jóvenes: P. A. H., de 26 años, y A. G. D., de 30 años. Y ha dejado a  un novio, sin novia, sin mujer, sin la futura madre de sus hijos, presenciado el hecho, y que bien puede subrayar  el título de un vídeo que encontraba hace unos días, que decía así: Mi novia no tuvo un accidente, a mi novia la mataron.

Este ejemplar de conductor llevaba como copiloto al hijo de José María del Nido presidente del Sevilla F.C., que según la noticia, él mismo se encargó de comunicarlo a los policías, no sé con qué intención porque para José María del Nido no debería ser un orgullo que su hijo vaya en un coche con un conductor con alcohol. Y si lo hizo con otra intención, peor todavía.

Este conductor, probablemente, como el que mató a mi hija, habrá dicho, “me acabo de partir la vida”, pero no es así. Él ha partido la de los demás. A él, como mucho, le condenarán a 3 años de prisión, quizás menos, y retirada de carnet durante 4 años, pero eso da igual, porque ya ha demostrado que él aunque no tenga carnet va a seguir conduciendo. Y las chicas y sus familias serán los que llevarán, de por vida, la verdadera condena.

El caso es que entre el número total de víctimas de la carretera, en esta semana santa, no figurarán estas dos jóvenes. Ellas no iban en ningún coche, ni estaban en ninguna carretera. Los peatones y los ciclistas son los parientes pobres de las estadísticas, pero en 2008, España era el primer país en muertes por atropellos, de entre 10 países europeos.

¡Maldito alcohol, maldita velocidad, malditos asesinos en potencia!

Vuestro dolor es también el mío.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Feria de Abril 1993

(Ni la lluvia era un impedimento. Sólo había que recogerse la falda)

 

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Ya ha comenzado el regreso y, aunque estemos en domingo de resurrección, para algunos comenzará ahora la verdadera pasión.  La primera semana santa que tenía blog y escribía fue la de 207, y esto era lo que decía en ese escrito titulado “El Regreso”:

Parece ser que las buenas previsiones de que los muertos fueran menos de 100, no se han cumplido.

Lo que sí hay son más de 100 familias, 100 nuevas familias inmersas en el dolor, por no hablar de las que están sufriendo con heridas físicas más o menos graves.

No, no ha servido sólo el carnet por puntos, ni el aumento de radares, ni las campañas de la DGT. Porque todo eso no es suficiente, porque el origen es más profundo y hay que unir más esfuerzos.

Es cierto que, a veces, incluso los elementos se alían, pero, además de la lluvia, las carreteras secundarias y los numerosos desplazamientos, por encima de esto está “La Educación”. Es decir, la mala educación, la falta de educación.

Hoy, en el regreso, en un tramo de 130 Km, de Almería a Murcia, hemos tardado 2 horas.

En este tramo, hemos pasado por unos cuatro accidentes, todos por alcance, sin daños humanos, si se puede decir que no es un daño humano verte tirado un día de regreso, con el capó de tu coche como un acordeón y en una carretera.

En cada uno de estos accidentes había, al menos, 3 coches implicados, cuando no eran cuatro, y se producía el consecuente atasco y parón forzoso.

Pero no puede ser de otra forma.

Los impacientes al volante, que quieren arrancarle 5 minutos a su llegada a no sé dónde, que se pegan al coche de delante como si quisieran bailar una lambada con el pobre conductor que le precede y que termina completamente agobiado hasta que consigue cambiar de carril para dejarle pasar, ese conductor digo, que va cambiando continuamente de carril y que parece decir, “quita patoso, que mi coche corre más” y que no se da cuenta que él que le precede no va más rápido, no porque su coche no pueda, sino porque no se debe ir a más velocidad y además no se puede, ese conductor, es la mayoría de las veces, es el causante de estos golpes en cadena, que constantemente hace frenar a los conductores que sí van guardando la distancia de seguridad.

Y eso no se puede solucionar con radares.

Sí se puede solucionar con una mayor vigilancia y con una retirada de puntos, que puede llevar a perder un carnet, pero ¡¡ya!!, no dentro de un año o de dos, cuando ese conductor no recuerde ni cómo fue.

Por no decir, hacerle ir a una clase durante varios días o meses,  para aprender  a tener un poquito de educación. Y como a los niños hacerle escribir 500 veces:

“He de aprender a guardar mi turno en la carretera, en la pescadería, en la fila del cine, en la del autobus, etc.” Seguro que tampoco tiene educación para esto otros sitios y momentos.

¡Dios mío, cuánta falta de responsabilidad y de educación!

una pegatina por la seguridad vial

Esta pegatina va contra ti, ¡Listo impaciente, que vas lamiendo siempre el culo de los coches!

Salvo por el número de victímas, que afortunadamente será mucho menor, pareciera que sigo hablando casi de hoy. 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena

 

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