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Archive for 30 agosto 2010

Las operación retorno de Agosto termina con 25 muertos en las carreteras, 16 más que  el año pasado. Cuando todo era bajar y bajar, resulta que este fin de semana no ha sido así.

Y, ahora, a quién echamos la culpa.

La velocidad, los despistes, la huelga de los bolis caídos… ¿Y qué más da el motivo?  El caso es que seguimos perdiendo la vida, pero seguirá habiendo quien se diga que esa cifra no es nada con los millones de desplazamientos que se efectúan. Que de algo hay que morir. Que cada uno tiene marcado su día. Que la vida sigue.

Y yo estoy harta de oír frases así, porque, normalmente, quien las dice no ha tenido una pérdida.

Aquí podéis encontrar algunos de esos “accidentes”, como se les llama. Porque parece ser que la vida es un accidente. La muerte es lo único seguro.

Muertos en lo que va de verano: Más de 300

Muertos en Julio: 176

Muertos en lo que va de Agosto: 147 (según mis cuentas)

Muertos en lo que va de año: 1.109

Del número de heridos a los que les ha cambiado la vida, ni les puedo hablar.

(foto de EPA)

¿Se imaginan estas cifras en cualquier otro medio de transporte o actividad de la vida? Pero siguen diciendo que vamos bien porque son 196 menos que el año pasado, en lo que va de año. Un 15 % de descenso. Y en las casas de las víctimas, un 100% de aumento.

Pues nada, a seguir conduciendo y viviendo que eso solo les pasa a otros.

Flor Zapata Ruiz, madredHelena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Ayer pasé por la M-607. En dirección ascendente y descendente. Por la curva de Juan. Por donde Helena murió, después de que un conductor borracho, por alcance,  la  hiciera volar por encima de los guardarraíles.

La M-607 sigue en obras. La curva de Juan ha sido modificada, asfaltada,  aunque  me da la sensación de que no está totalmente terminada. Y toda la M-607, en ambos sentidos, está siendo reasfaltada. En algunos puntos, está sin pintar y el arcén no ha sido asfaltado, produciéndose un peligroso escalón.

La recorrí pero mi estado de ánimo no me permitió hacer un análisis más exhaustivo de la misma. Es difícil recorrer los caminos que cortaron nuestras vidas. Lo mismo pasa con los caminos que hicimos con nuestros hijos. Volver a pasar por ellos produce una sensación de vértigo,  porque el suelo se hunde bajo nuestros pies.

Ayer fui consciente de que Helena y Juan perdieron sus vidas muy cerca el uno del otro. Sólo les separaban  escasos dos kilómetros, y direcciones opuestas.

Para confirmarlo, busqué nuevamente la noticia de la muerte de Helena. Esa noticia llena de errores y falsedades. Para empezar, el motivo: “Una mujer de 20 años muere en un accidente en cadena”. Fue la exlicación que dio el culpable, pero después se demostró que era falso. No hubo ningún otro coche involucrado, salvo el del culpable. Ningún otro coche se vio afectado. Era solo una justificación para evitar que  se le imputara una muerte por el estado de alcohol con el que conducía.

Nos llegaron rumores de que le vieron dar golpes a su propio coche, con una piedra, para poder decir que a él le habían dado por detrás. Y siempre recordaré la declaración de la testigo, cuando contó cómo el culpable la preguntó, después de haber impactado con  el coche de Helena,  si tenía carnet de conducir. Suerte que esta chica, su acompañante, no tenía carnet porque si no la hubiera cargado con el muerto y él se habría pasado por copiloto.

A menudo,  los que sobreviven son los que causan el siniestro, y nuestros muertos no pueden contar cómo fue. Pero, en esta ocasión, las dos pruebas de alcoholemia realizadas, la actuación de la guardia civil de tráfico y las declaraciones de la testigo, fueron suficiente para demostrar la culpabilidad.

Pero volviendo a la M-607, esa autovía que tengo que tomar cada vez que quiero visitar a mi hija, no tiene gran solución. A pesar de sus mejoras, es la que es y no hay de donde sacar más.

Habrá que seguir teniendo mucho cuidado en ella. Sus múltiples salidas y entradas,  carriles que se pierden, sus curvas y sus puntos negros seguirán siendo un peligro. Han quitado uno  pero quedan otros siete.

Ni Helena ni Juan tienen cruz alguna que indique que  cortaron sus vidas  en ese lugar. Yo, aún, no sé si eso sirve para advertir a otros o para entretenerlos y hacerles perder la atención.

Era mi intención sólo hablar de la reforma de la M-607 pero ¡cómo hablar del camino sin hablar de la muerte! Para Esther siempre será la asesina M-607, y para mí, siempre será un horror que en esta carretera esté el acuartelamiento de San Pedro. Que éste tenga una cantina. Y que este militar saliera de él.

 

El conductor borracho cruzó Colmenar Viejo y se acababa de incorporar a la autovía cuando alcanzó a Helena.

Estado en el que quedó el coche de Helena.

  Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Y una nueva víctima.

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De toda la vida, corrían los rumores de que los agentes de la guardia civil de tráfico tenían un cupo de multas y al final de mes tenían que cumplirlo. De ahí el temor a que te pararan porque, al final, algo encontrarían para multarte. En época de Franco, además, se unía el miedo que producía un uniforme.

Pero todo eso cambió y la figura del agente comenzó a verse como lo que realmente tiene que ser: autoridad, ayuda y prevención.

Y las personas que no infringen las normas, que conducen con responsabilidad no tienen nada que temer. Es más, para esas personas, su presencia es un signo de tranquilidad y seguridad.

Pero con todo esto de “la huelga de bolis caídos”, de pérdidas económicas por las multas no efectuadas,  de subida de la siniestralidad durante esta época, lo único que se está consiguiendo es poner en duda la efectividad de la guardia civil de tráfico y mostrarles como simples recaudadores.

No sé cómo está exactamente el tema de las ayudas económicas para las víctimas de tráfico, ayudas que se iban a llevar a cabo a través de lo recaudado por las multas pero, estoy segura que cualquier víctima cambiaría una ayuda económica por la seguridad de que no haya precisamente víctimas. Y muchas de esas víctimas se evitan con la presencia de los agentes en nuestras carreteras y, por desgracia, con el miedo al palo. Siento reconocerlo.

Y así es como lo veo yo. La guardia civil de tráfico es útil y necesaria pero no puedo entender que se incentive multar. Cada agente tiene que saber qué hacer en cada momento y tener la autoridad necesaria para realizarlo. Y al igual que cualquier ser humano también  tiene que tener sus derechos.

Por favor, señores ¿por qué no se ponen a arreglar esto de una vez? ¿No se dan cuenta que con todo ello lo único que consiguen es que la autoridad esté por los suelos?

La bajada de denuncias no afecta a la seguridad vial, nuestra presencia sí”, dicen desde la AUGC. Pero la autoridad y la imagen, una vez que se pierde, es difícil de recuperar. Por favor, no volvamos para atrás. Hay mucho que seguir haciendo por la seguridad vial pero, claro, entiendo que, con menos sueldo que los controladores, también tengan sus reivindicaciones.

¡Anda, si también se trata de vidas! Acabo de darme cuenta.

Aprovecho para dar las gracias a los agentes que estuvieron en el siniestro de mi hija y gracias a su actuación consiguieron saber la verdad de lo que pasó,  tuvieron que asistir por tres veces a un juicio que se suspendió por diversos motivos y expusieron los hechos de tal forma que el Juez pudo conocer la culpabilidad del acusado.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por la acción de un conductor con alcohol.

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Los agentes de tráfico vuelven al trabajo, los bolis a los talonarios de multas y el número de muertos en carretera vuelve a su tendencia a la baja. Esta parece la conclusión después de que la festividad de la Virgen de Agosto terminara con menor número de muertos en las carreteras que el año pasado.

La DGT aprovecha para relacionar el fin de la huelga con la vuelta a cifras que continúan disminuyendo y no como en el mes de Julio que habían subido considerablemente.

¿Casualidad? ¿Realidad? De todo un poco, pero sea verdad o no, manda narices que los familiares de las nuevas víctimas tengan que recordar que sus seres queridos se quedaron en el asfalto porque la guardia civil de tráfico decidió hacer una huelga.

Pero es aún peor pensar que nuestra seguridad vial depende sólo de las sanciones. ¡Qué vergüenza!

¿Necesitamos un agente tras cada uno de nosotros para no poner en peligro nuestra vida y la de los demás? Siento admitirlo pero, en gran manera, es así.

Ya he comentado en alguna ocasión que mi marido dice que, conmigo,  en el asiento del copiloto lleva a toda la DGT y la guardia civil de tráfico sentada a su lado. No estaría mal que cada copiloto se volviera un poco ese “Pepito grillo”, la voz de la conciencia, voluntario de la DGT, o como queráis llamarlo, con el fin de evitar accidentes.

Porque todos somos culpables y afectados. Porque los muertos no deberían depender de los agentes que hay multando. Porque los límites, además de los existentes en las carreteras puestos por la DGT, debemos ponerlos todos. Y hasta que no sea necesario prohibir porque esta sociedad es madura y no lo necesita, cada uno podemos ser un agente.

Un agente de seguridad vial.

La remuneración no será alta, pero las condiciones de trabajo las mejores: Salvar vidas.

¿Quién se apunta? Yo llevo ejerciendo desde hace ya muchos años.

Educar, concienciar, compartir.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Coincidiendo con el fin de semana más trágico del año en siniestros de tráfico (26 muertos y 30 heridos), se ha comunicado la cifra de muertos producida en lo que va de año, 991 personas. Una cifra escalofriante si se refiriera a un solo evento pero como ha sido a lo largo de menos de siete meses y medio, no tiene gran importancia, es una gota en la inmensidad del océano, y aún así, podemos decir orgullosos que representa un descenso, con relación al año anterior, del 15 %. Cada vez que escucho esto del descenso es como si me clavaran un cuchillo.

Parecía que había llegado el momento de cantar victoria: España ha conseguido la reducción de la accidentalidad en tráfico. Los jóvenes ya no beben cuando conducen. Todos nos abrochamos el cinturón (menos Rajoy). La velocidad ha disminuido con los radares. El número de lesionados medulares han bajado. ¡Qué felicidad! Ya puedo dejar de escribir en este blog que surgió con ánimo de concienciar y prevenir.

Y de repente, el pasado fin de semana se convierte en el más trágico. ¿Y a qué se debe? Ah, eso será puntual. Tendrán la culpa los agentes de la guardia civil por esa huelga de bolígrafos caídos. Será un pequeño repunte debido al inicio de las vacaciones. No es para tanto, sólo han sido 5 muertos más que el año pasado.

¡Una mierda!

Cada vez que veo una infracción de tráfico que pone en peligro a los demás, cada vez que observo o padezco  a uno de esos delincuentes viales ejerciendo un acoso vial, me digo: lástima que no haya por aquí un agente.

Pero la DGT, que afirma que las sanciones son necesarias, también exculpa que el aumento de la siniestralidad tenga que ver con la disminución de las sanciones. Y los guardias civiles de tráfico, que como cualquier humano tienen sus reivindicaciones, dice que no es cierto que estén en huelga. Y como en España no se estudian, verdaderamente, los accidentes, salvo lo que los propios afectados tienens que hacer para poder encontrar las causas, si es que quieren encontrar justicia o terminar con un punto negro, pues nos quedamos sin saber a qué se debe este repunte.

¡Pues claro que todo influye!

 Primero nos acojonamos con el carnet por puntos, y pasado un tiempo se nos ha olvidado, o no, sólo que ya sabemos que podemos recuperarlos. Y, en cuanto a las multas por los radares, ya tenemos los radares ubicados, controlados, “tontoneados”, y sólo hay que estar atentos, soltar el acelerador y recuperarlo más adelante, una vez que lo hemos pasado.

Y si a esto unimos la suerte de no encontrar en nuestro camino quien levante el bolígrafo, pues adelante.

Pero el tema es mucho más complicado. El resultado no es sólo dinero. Tanto si existe esa huelga o no, si las sanciones influyen o no, estamos hablando de vidas.

¡Dios mío! Si supieran muchos el verano que estoy pasando. Lo que es desmontar la habitación de un hijo, aun habiendo pasado 5 años de su muerte (mejor dicho, desde que la mataron). Si supieran lo que supone, cada día, pensar que no tendrás sus abrazos, sus besos y lo que es aún peor, que ella no vivirá nada de lo que los demás han vivido. ¿Cómo transmitir el dolor inmenso de cada uno de los familiares de esas casi mil víctimas  que llevamos? Cómo hacer entender, a los conductores, que llegar una hora más tarde no supone nada, que una copa puede ser la última en tu vida, que un coche debe ser un objeto de placer para llevarnos a los lugares deseados pero se convierte en un arma mortal en un segundo.

Y a los señores gobernantes, políticos, administradores, jueces y especialmente, DGT, olvídense de estadísticas. Nunca será uno menos, siempre es uno más. Aúnan sus esfuerzos en enseñar, educar, arreglar, cambiar, mejorar, sancionar, juzgar, cuando es necesario con la máxima dureza, concienciar y recordar, una y mil veces más, que toda la precaución es poca. Que los puntos, los coches, el dinero, son recuperables.

La vida no. La vida es lo único que se pierde.

¡Ah! Y a la guardia civil de tráfico, tan necesaria en la carretera, si tienen reivindicaciones que hacer, háganlas. Y los gobernantes, si son necesarios más agentes, póngalos (el programa de El PSOE garantizó que en 2010 habría 11.500 agentes. Hasta ahora sólo hay 10.000).  Porque los delincuentes viales existen. Y son muchos.

Por favor, no sean, también, los culpables de las muertes en carretera.

Perdón por las palabras malsonantes. Mi corazón está, especialmente, con esos dos niños de meses y apena dos años.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por un….que conducía con alcohol.

  

(Estado en el que quedó el coche de Helena)

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