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Archive for 30 septiembre 2010

La buscadora de Ángeles y Hadas

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena (2010)

En el silencio de la noche, le despertó el ruido de un aleteo. Encendió la luz y buscó qué insecto era el que estaba provocando ese ruido. Paseó su mirada sobre las paredes, el techo, la ropa de la cama, pero no encontró nada. Apagó otra vez la luz y se arropó la cabeza con la sábana.

Nuevamente, el mismo ruido. Esta vez, al encender la luz, observó que el ordenador no estaba apagado. -Jo, si lo apagué al acostarme –se dijo Cintia. Se levantó y cuando iba a pulsar el botón oyó una voz:

-Eh, que estoy aquí.

Cintia buscaba en la pantalla del monitor el rastro de esa voz. El monitor estaba iluminado pero no había ninguna imagen. Pensó que el sueño le estaba jugando una mala pasada. Sonrió y pulso el botón: “On- ensendio, OFF-apagao” Se decía siempre para recordar la diferencia.

 

(Cintia, buscadora de Ángeles y Hadas)

La voz se oyó con más insistencia y con desesperación: ¡Hola, eh, que me aplastas, que estoy aquíiiiiiiiiii! Retiro el dedo del botón y dio un salto para atrás. Pasado el sobresalto inicial, se volvió a acercar y entonces vio como una pequeña mariposa, balanceaba los brazos de un lado para otro haciendo señales, como si de un naufrago se tratara, para hacerse ver.

-¿Es que no me ves? ¡Qué soy yo!

-¿Helena?- Su abuela le había contado algún cuento sobre Helena, que se convirtió en una mariposa y ejercía de hada.

(Cintia y su abuela)

-¡Pues claro que soy Helena! No me recuerdas de cuando encontraste mi foto con Diego. Venga, date prisa que tenemos que irnos – Inquirió la mariposa a la niña que tenía la boca abierta y se había quedado paralizada como si le hubiera dado un aire.

 

(Imagen encontrada por Cintia, en Internet. Ella creyó que era Helena y Diego)

Entonces, la mariposa extendió su brazo y con el dedo índice, apuntando hacia la mano de la niña, ésta comenzó a disminuir de tamaño hasta ser casi igual de pequeña que la propia mariposa. Tomándola de la mano, dio un fuerte tirón y ambas continuaron reduciéndose, cada vez más, hasta pasar por una de las ranuras existentes entre la pantalla y el embellecedor del monitor.

Cintia no podía dar crédito a lo que estaba pasando. Continuaba cogida de la mano de la mariposa y tras atravesar el monitor se inició una caída vertiginosa que la asustó muchísimo.  Esquivaron una serie de objetos que, debido a la velocidad que iban, apenas podía distinguir. A pesar de su sorpresa, pensó que serían los cables, chip o los elementos  que tendría el monitor por dentro y que ahora tenían una dimensión considerable. Pero lo que más le sorprendió fue que ¡estaba volando! Cuando terminaron de pasar por esos cachivaches, enseguida apareció ante sus ojos un cielo inmensamente azul y a sus pies, las nubes.

-¡Guauuuuuuuuuuu! -Pronunció la niña sin saber bien si reír o llorar.

 

(Helena y Diego, según un dibujo de “El guardián del ventanal”)

Helena, con su largo pelo negro flotando al viento, parecía aún más bella que en aquella imagen que un día encontró mientras buscaba hadas y ángeles y que, ella misma, relacionó con Helena y Diego y el cuento “el guardián del ventanal”. Cintia, con la mano libre, seguía intentando, inútilmente, bajarse el vestido que el viento había subido. Así se mantuvieron durante un rato, hasta que a sus pies comenzaron a despejarse las nubes y aparecieron ciudades,  casas,  calles, coches, personas, todo cada vez más nítido, más cercano.

Entonces, comenzó a percatarse  de que las personas que caminaban por la calle, llevaban pegados a sus espaldas una especie de mochila, un abultamiento. Y cuando ya estaban prácticamente encima, fue cuando se dio cuenta que ese abultamiento eran unas alas. ¡Le había llevado a un país de ángeles! ¡Las personas tenían alas! Los ángeles que ella siempre buscaba en Internet –pensó Cintia.

-No, de eso nada, no tienen alas.

-¿Qué? -Casi no le salió la voz- eran demasiadas sorpresas que no le dejaban  hablar.

-Que no son alas -Dijo la mariposa.

-¿Cómo sabes lo que estaba pensando?

-Soy un hada, puedo escuchar tus pensamientos y tus deseos, y estabas pensando que llevan alas, pero no es así. Fíjate bien, -entonces, Cintia, comprobó que no eran las personas las que tenían alas, sino los que iban pegados a ellos. Cada persona caminaba con un ser alado a sus espaldas.

-¡Guau! Son ángele! –Dijo abriendo cada vez más la boca y los ojos.

-¡Pues claro que son ángeles! Y yo soy un hada.

– Ya lo sé, me lo contó mi abuela –dijo la niña cada vez más animada a hablar.

-Sí, y también sé que sabes mucho sobre ángeles y hadas, pero no sé si lo que yo voy a contarte lo conoces ya. Por ejemplo, que los niños y chicos buenos que mueren se convierten en ángeles y las chicas, la mayoría, en hadas. ¡Ah!, pero no te olvides que otros se convierten en estrellas. En realidad, cuando nos vamos del mundo terrenal, nuestra energía se transforma. Tú conoces esa frase de que la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, pues, eso, nos transformamos, y sois los que os quedáis sumidos en el dolor y apresados por nuestra ausencia los que nos convertís en ángeles, hadas o estrellas.

Entonse… mi tito

– Pues claro, es un ángel, -contestó la mariposa.

-Lo sabía, estaba segura –respondió la niña con gran alegría -por eso una vez escribí para él:

“Palomita tu que vuelas, tan alto como la Luna

vuela y lleva este mensaje a alguien que quiero con locura.

Al Reino de los Cielos a llegado un angelito,

se llama Edu y es el angel mas bonito.

Dile palomita tu que puedes que cuente las estrella, que las multiplique por dos, y si le parecen munchas muncho mas lo quiero yo.

Dile tambien palomita que me haga un hueco en su corazon pues en el mio siempre estara y no lo olvidare jamas. Te quiero tito Edu”

(Texto original escrito por Cintia)

  

(El tito Edu)

Sin soltarle la mano, hada y niña seguían volando por encima de las cabezas de los transeúntes. El tiempo es imposible de calcular pero en un determinado momento, giraron en una esquina y, entonces, la mariposa le señaló a una mujer que conducía una motocicleta.

-¡Pero si es mi abuela! -dijo la pequeña. En ese momento comprobó que  el asiento trasero de la motocicleta estaba ocupado por un joven con alas.

-Sí, y ése es tu tito que va cuidando de que a su madre no le pase nada. También cuida a tu mamá, y a ti. -La niña no salía de su asombro y su boca se cerraba y se volvía abrir al máximo, una y otra vez.

-Cierra la boca porque en cualquier momento te vas a tragar algo- le dijo la mariposa.

-Quiero hablá con mi tito -dijo la niña.

-¡Qué dices! Tu tito está en la tierra, haciendo su trabajo, no le puedes entretener.

-Pero yo quiero vello -insistió la niña.

-Ya lo sé, por eso te he traído hasta aquí. Quiero demostrarte que no es necesario verle para sentirle. No puedes verle porque para eso tendrías que tener ojos en la espalda y tú no querrás ser una persona así de extraña, se reirían de ti en el cole. Además, los ángeles no tienen cara reconocible, son criaturas de gran pureza, espíritus invisibles, a veces, pueden ser sólo rayos de luz. Ya has visto que van tan pegados que apenas se puede ver su cara. Para los creyentes, son mensajeros e intermediarios entre Dios y los humanos, y sobre todo, están destinados a proteger a los humanos.

-¿Y tú?

-Yo soy un hada, como ya te he dicho antes. Yo me pedí hada. Jaja.

(Helena con su primer disfraz. De ratita presumida)

 

– ¿De qué te ríes? –dijo Cintia.

– Porque al decir “me pedí” acabo de recordar  un chiste muy malo que contaba mi papi. Te cuento, te cuento:

“Un niño le dice a otro, qué eliges, susto o muerte. El niño le contesta, me pido susto. Entonces el otro niño le hace ¡uuuuuuuuuuu!, y el niño que había elegido susto dice, ¡hay qué susto! Y el otro le responde: jaja, po haberte pedido muerte” -La mariposa seguía riendo a carcajada -es muy malo pero a mi me hacía mucha gracia.

-¿Sabes de dónde viene el nombre de hada y que hay muchos tipos de hadas?- continuó la mariposa cambiando de tema.

-Bueno, algo he leío en Interne, cuenta, cuenta, -había conseguido que la niña se olvidara de su deseo de ver a su tito y, ahora, estuviera centrada en saber más cosas sobre las hadas.

– No sé si ya has estudiado que las lenguas que ahora hablamos provienen del latín y el griego. Y la palabra “hada”, viene del latín “fatum” que significa: hado, destino. De ahí derivo en “hada”, aunque hay otras teoría y palabras que ahora no te voy a cansar con ellas. Pero sí te diré que hay muchos tipos de hadas: Las ninfas o hadas de las fuentes, Lamias o hadas de las cuevas, Dríades o hadas de los bosques, Sirenas o hadas de los mares, Sílfides o hadas de los vientos, Salamandras o hadas del fuego.

-¿Y las “madrinas”? –dijo Cintia.

-Así es como se llaman en los cuentos a las hadas que conceden deseos, usan la magia y su presencia es siempre para hacer el bien. Son las más conocidas y utilizada en los cuentos infantiles, aunque, hace muchos, muchos años, las hadas estaban también en los escritos destinados a los adultos. Pero también hay hadas que pueden castigar a los seres humanos, como las hadas de los bosques, si estos producen daño a los árboles, porque los árboles son la reserva de vida para el hombre en la tierra.

Además –continuó la mariposa- en cada lugar de nuestro país las hadas son llamadas de forma diversa. Así, por ejemplo,  en Cantabria se llaman “Anjanas”, en Galicia, “Sacias”, en Asturias, “Fades”, en Cataluña, “Goijas” y en Baleares, “Damas de Aiguo”.

-Jolín, cuántas. ¿Y todas tenéis alas?- preguntó la niña.

-Normalmente sí. La mayoría tienen forma humana, figura de mujer, hermosas, con grandes melenas negras y ojos grandes, pero otras adoptan formas de animales

-¿Y tú por qué te pediste hada?

-Yo creo que las hadas tenemos una vida más interesante que los ángeles. Nosotras entramos en contacto con los humanos, podemos transformar una situación desagradable o una injusticia, en algo beneficioso para nuestro protegido. Yo misma soy un “hada virtual”. Ando siempre por los ordenadores y así le echo una manita a mi “mamy”. Nosotras hacemos magia. Conseguimos felicidad y alegría pero también es cierto que ellos, los ángeles,  son los guardianes, y sólo de ellos depende vuestra seguridad.

-¿Y por qué dices que me has traío contigo? –dijo Cintia-

– Porque quería que vieras con tus propios ojos que a los ángeles no puedes buscarlos, no puedes encontrarlos, no puedes verlos, sólo puedes sentirlos. Sé que te pasas muchas horas ante el ordenador, buscando ángeles y hadas, y a partir de ahora tendrás que estudiar duro. Te haces mayor y ya no puedes perder tiempo buscando ángeles.

-Pero yo…

-Nada, nada, fuera excusas. Ya sé que echas de menos a tu tito y que eras muy pequeña cuando se marchó y por eso le buscas, pero cada día tienes que estudiar más, y aunque ahora eres muy buena estudiante y con magníficas notas, cada día será más difícil y tendrás que dedicar más tiempo a ello. Tienes que utilizar el ordenador para estudiar y olvidarte de esas búsquedas. Ya me has visto a mí, ya has visto a tu tito, y ahora, a estudiar.

 

(Buscadora y su mami)

Cintia asintió, entendía por qué había llegado hasta allí y recordó las restricciones que su madre ponía a la hora de utilizar el ordenador. Era como si estuviera oyéndola a través de la voz de Helena. De repente, quiso volver a su casa, con su mamá, pero sintió que tenía un problema.

-¡Coño, que tengo que vorvé!

– ¡Niña, esa lengua! –gritó la mariposa.

– Perdona, sólo lo digo cuando tengo un problema. Ahora soy diminuta como tú, ¿cómo voy a vorvé  así a mi  casa?-dijo angustiada.

-Eso no es problema para mí, ya sabes que soy un hada, puedo conseguir lo que me pidas -y diciendo esto, amorosamente, puso su ala sobre el hombro de Cintia y esta comenzó a hacerse grande en relación con el hada. Pero la angustia no desapareció porque, ahora, Cintia recordó que para pasar a través del monitor se había hecho diminuta, y casi había vuelto a su tamaño original, cómo haría para volver a pasar al otro lado. Cada vez que el ala de la mariposa golpeaba suavemente sobre su hombro ella crecía y crecía…

Sintia, Sintia, vamos, despierta, despierta. No me lo puedo cree. Has pasao toda la noche sobre el ordenador. Esto e  indignante. Hoy mismo saco el ordenador de tu habitasión. Se acabó.- Cintia se despertó con las manos de su madre agarrándola por los hombros. Miró a su alrededor, aún confusa, y le tranquilizó ver que estaba en su habitación, frente al ordenador.

-¿Eh? Mamá, puedo explicallo. Veras, yo estaba dormía…

-Tú te has levantao por la noche para andar en el ordenador –dijo su madre, cada vez de peor humor.

-No, no, mamá. El ordenador estaba ensendio… Helena me ha llevao a ver lo ángele, y entonses…

-¿Helena? ¿Helena la del cuento de la abuela? ¡Estás loca! Lo que pasa es que te  has quedao dormía  sobre el teclado y has tenío un sueño- concluyó la madre-. Y ahora, a arreglarte para ir al cole que se hase tarde.

Cintia pensó que no podía haber sido un sueño, lo recordaba tan real. Pero cómo explicar que había pasado por la ranura más pequeña del monitor. ¿Cómo iban a creer que había visto a su abuela acompañada de su tito Edu? ¿Quién iba a creer que todos llevaban pegados un ángel en la espalda?

Comenzó a peinarse y de repente el cepillo tropezó con algo -¡ay!-. Llevó la mano al cepillo y le pareció que algo se desprendía de él. Se giró sobre su espalda y, allí sobre el suelo, encontró una pequeña pluma.

-¡Oye, tú! –casi gritó-  no te aserque tanto que me enrea el pelo –dijo, mirando el espejo.

Desde ese día, Cintia no volvió a pasarse horas buscando ángeles y hadas. No necesitaba verlos. Sentía a su tito Edu sobre su espalda y si algún día quería un milagro o magia, no tenía nada más que llamar a Helena, eso sí, si cumplía lo que le había pedido su hada. Tal vez lo haría cuando necesitase un bonito vestido, o cuando fuese mayor, para conseguir una cita con un  chico guapo. Pero, por ahora,  los vestidos se los hacía su abuela, y los chicos…, los chicos eran aún unos bichos raros a los que sólo les gustaba el futbol.

-¿Sabes mamá que el tito Edu va siempre detrá de nosotro?

-No Sintia, por favo, no comienses otra vez con eso.

-Pero mamá si e verdá.

–Olvídalo, Sintia. Ea, o te quito el ordenador porque parese que te está sorbiendo el seso.

-Pero mamá…

Sabía que no iba a convencer a su madre aunque esta creía  y le gustaban los ángeles, pero estaba convencida de que aquella noche lo que  había tenido era un sueño. Y Cintia, en ese momento, llegó incluso a dudar: Será verdá que fue un sueño –se pregunto-, pero, entonces, recordó la pluma que tenía guardada en una pequeña caja en su habitación y que recogió del suelo del cuarto de baño.

E iguar, a mí Helena me enseñó lo ángele  –y diciéndose esto, tomó su macuto y se dispuso a marchar al cole.

Desde ese momento, Cintia estudió duro, utilizó el ordenador para estudiar y ampliar conocimientos y se olvidó de hadas y ángeles porque ya no necesitaba verlos, los llevaba con ella, y fue feliz de tener ese conocimiento.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

29.09.2010

 

Notas de la autora:

 

(*) El término “mamy” está escrito en la formula utilizada por Helena y su madre. Igual que Helena sabía, siempre, cuando la llamaban a ella y no a otra persona, porque escuchaba la “H”, que tanto le gustaba.

 

Fotos de Cintia, cedidas por su familia.

 

Dibujos de “El guardián del ventanal” (Portada e interior), realizados y dedicados para mí,  la madre de Helena, por los alumnos del colegio Cedes, de Albacete.

 

Fotos de ángeles, tomadas de la página de Facebook : http://www.facebook.com/pages/Angeles/103432463602

 

Datos sobre hadas y ángeles, sacados  de Wikipedia, http://www.linkmesh.com/ y de la tradición popular.

 

Este cuento es original de Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, hecho y dedicado para Cintia, una niña de Hornachuelo, Córdoba, en su onceavo cumpleaños, que perdió a su tío en un mal llamado accidente de coche, con todo mi cariño. Terminado el 22 de Septiembre, en Almería.

 

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El próximo día 29, comienza el juicio por el siniestro de tráfico ocurrido el 18 de Septiembre del 2006, en el que un microbús con los integrantes de una despedida de soltero, alquilado para tal efecto, con la intención de así poder evitar accidentes, fue embestido por otro coche y murieron dos personas y el resto resultaron heridas.

Esto es como aquella canción que dice “si eres martillo del cielo te caen los clavos”. Siempre habrá un irresponsable que te enviará los clavos.

(Mariano Peña)

Mariano era uno de los jóvenes ocupante de ese autobús, con familiares y amigos que despedían la soltería de otro joven que se casaba el siguiente sábado. Contrataron este autobús para poder beber y pasárselo bien y no tener problemas después a la hora de conducir. Pero en su camino se  encontraron con otros dos coches que no pensaron igual, es más, su diversión, en ese momento, era la carretera. Ambos coches iban picados y sus asesinas maniobras afectaron al autobús que terminó volcado en la A-42.

Mariano Peña y Miguel Ángel Díaz resultaron muertos y el resto heridos, dos de ellos graves. Los conductores culpables del siniestro, ilesos.

Mariano es hijo de Hortensia, otra compañera más de dolor.

Se han programado tres días de juicio, pero los familiares de estas víctimas ya llevan condenados a cuatro años de pena, y por el resto de sus vidas. Ahora, habrá que ver qué condena reciben los culpables. No tengo ni idea qué estarán pidiendo los fiscales pero, en el peor de los casos para estos delincuentes viales, el máximo de pena son cuatro años. Máximo que casi nunca se lleva a cabo.

Ayer, en una emisión de radio, en Valencia, la presidenta de una asociación de víctimas de accidentes, decía que las condenas por delitos viales siguen siendo ridículas, porque nuestros familiares, no se matan, no se mueren, los matan. Igual que en un acto terrorista, pero los nuestros son cada día unos poquitos, muchos para los que nos toca, y el terrorismo vial aún no está oficializado, ni las autoridades asisten a sus entierros, y en la mayoría de los casos, no tenemos asistencia psicológica. Es más, hoy mismo le decía a una compañera, que ni tan siquiera tenemos un distintivo que nos identifique a todas las víctimas de siniestros de tráfico. Desde aquí, yo propongo que sea un lazo naranja: energía y vida ante tanta muerte.

Compañera Hortensia, todos nosotros, tus compañeros de asociación “Vida en la Carretera” Asociación de Afectados por Violencia Vial, te queremos enviar mucha fuerza y mucha suerte. Estaremos contigo, unos en presencia y otros en pensamiento. Prepárate para ver y oír cosas muy desagradables. Para enfrentarte a dos individuos que, lo más probable, es que ni siquiera están arrepentidos de su acción. A una justicia que, la mayoría de las veces, piensa más en el que se queda y ha sido el causante, que en los que se van. Pero sobre todo, ten fuerza para unos días muy dolorosos.

Estamos contigo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, y miembro de “Vida en la Carretera”

(Este juicio tendrá lugar en el juzgado de lo penal nº 3 de Getafe. Avda. Juan Carlos I s/n.)

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En Octubre, se inicia un nuevo curso de ciclomotores en el Parque de educación Vial de Alcobendas.

Si tienes entre 15 y 17 años, entra en Imagina y encontrarás toda la información.

No te demores, el plazo de inscripción comenzó el pasado día 20.

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Este verano en moto.

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La moto de mi padre.

Conduce sin miedo pero con vergüenza.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Carancho es la última película de Pablo Trapero estrenada en el Festival de cine de San Sebastián. Una película que aún no he visto, pero que me ha llamado la atención por las críticas sobre ella. Y no he reparado por lo que se refiere a los comentarios puramente  cinematográficos, sino por su tema.

“En un Buenos Aires nocturno, lúgubre y encharcado, un abogado con la licencia en suspenso recorre la ciudad con la frecuencia de los servicios de urgencias pinchada para acudir presto a los accidentes de tráfico. Allí mismo, contacta con los heridos, les acompaña al hospital y poco a poco les persuade de la conveniencia de reclamar una indemnización. A través de sus servicios, claro. Y a veces, llegado el caso, el accidente se simula”.

Mi amigo del Diario Vasco Alberto Moyano, definía así su argumento en su blog “El jukebox”

Y en el periódico “Que” encontraba esta otra noticia: “Carancho promueve una ley contra los accidentes de tráfico en Argentina”

Junto con las declaraciones del director: En Argentina, los muertos en accidente de tráfico suponen la causa mayor de fallecimiento para los menores de 35 años. “Pero no se le presta nada de atención, incluso cuando llegó la Gripe A se hablaba más y, luego, no fue para tanto”….

Y el autor de la reseña periodística dice de la película:”Lo que consigue, además, es empapar al espectador de la angustia que viven tanto el personal médico como familiares, cuando un accidentado llega a la sala de urgencias”.

Hace solo dos días, una madre de Argentina, con motivo del séptimo aniversario de la muerte de su hijo, muerto por la acción de las picadas, me decía en su mail: “Mueren más de 20 personas diariamente en todo el territorio de la Argentina. Una vez más seguiremos exigiendo, más controles, un cambio de mirada en la justicia, para detener tanta impunidad en los hechos de tránsito y que sean tomados como delito y no como accidentes. No queremos más muertes evitables”.

Un puñado de padres, cada día más, andan empeñados en mejorar la Seguridad Vial en Argentina, y en luchar con los procedimientos judiciales de ese país, porque además de concienciar, prevenir, educar, la justicia tiene que ir por delante. Y en esta ocasión, y en este país, como en tantos otros, la justicia siempre va por detrás de la sociedad.

No sé si veré esta película. Algunos comentarios que me han llegado es que es muy dura, aunque, desde lo de mi hija, cada día estoy más endurecida, cada día soporto más escenas que antes no era capaz. Será porque, ahora, diferencio más la ficción de la realidad, y la realidad suele ser, siempre, peor.

No sé que pensarán las víctimas de tránsito de esta película y su tratamiento sobre los accidentes, cuando la vena. Sea como fuere, si esta película sirve para crear polémica constructiva y luchar contra una pandemia que en Argentina es aún peor que en otros países, bien venida sea.

“Carancho: Ave carroñera de la zona de La Pampa. Siempre está a la vera de la ruta, esperando a su presa”

 Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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El número 18 está metido en mi cabeza y alojado en un hueco oscuro, desde hace 5 años cuando,  un dieciocho, cubrimos el cuerpo de Helena con un verde manto de hierba. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que el 18, especialmente el de Septiembre, era una fecha feliz y llena de alegría.

Dieciocho, el día de tu cumple, otro cumple sin Helena. Sin la niña de tus ojos. Sin tu compañera de juego. Sin tu amiga y ayuda para los momentos en que tu otra compañera estaba enferma.

Este es el quinto que Helena no escribe en su dietario. Su papi, su rey negro, su taxista, su conseguidor, también su Pepito Grillo o la voz de su conciencia, pero sobre todo el hombre que durante más tiempo la ha querido más que nadie.

Que difícil es amar en tiempo revueltos. Revueltos con el dolor.

 

Despertar, abrazada a la ironía

 

de ocultar la razón de cada día

 

para amar en tiempos revueltos

 

 

Asumir la alegría y el lamento

 

y descubrir sorprendida mi tormento

 

y mi dolor con tu amor envuelto

 

 

No es sencillo

 

avanzar olvidando lo vivido

 

cuando tanto se ha dado por perdido

 

y el camino es volver a comenzar

Felicidades, mi compañero de viaje. ¡Que mayores nos estamos haciendo y que poco futuro tenemos! Y nuestro amor no terminó en fatalidad pero nuestro fruto sí tuvo un final fatal. La fatalidad se cruzó en su camino, en forma de borracho.

¿Recuerdas nuestra canción? Hacía muchísimo que no la escuchaba pero la he encontrado para ti. Hoy, es el único regalo que te puedo ofrecer.

Fatalidad el amor es

fatalidad aunque a veces

parezca el camino

de la felicidad.

Flor Zapata Ruiz, esposa de José María, el padre de Helena.

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Una vida muy corta

La muerte del piloto de Moto2, Tomizawa, me impactó y me hizo reflexionar sobre lo deprisa, deprisa, que va esta sociedad.

Ha sido publicada en elPeriodico.com, diariovasco, diariodenavarra y en El País de hoy:

Una vida muy corta (original 6.09.2010)

En el mismo informativo de una cadena de televisión, hoy podía ver la noticia y las imágenes de la muerte del piloto de Moto 2, Shoya Tomizawa, de tan solo 19 años , y un poco antes, un reportaje sobre jóvenes conductores de cars, futuros pilotos de la formula uno y que con pocos años emulaban a los llamados grandes. Incluso algunos padres de estas jóvenes promesas se mostraban encantados con las proezas de sus hijos.

Supongo, por el contrario, que a pesar de ser conscientes de los peligros de las carreras de motos, los padres de Tomizawa, que corría en moto desde la edad de tres años, no estarían hoy tan contentos. Tampoco los padres de los dos jóvenes de  Montellano (Sevilla), que ayer también perdían la vida, chocando entre sí, con sus motos.

Y cada día, nuestros jóvenes son saturados con imágenes de éxitos de pilotos de carreras de coche y moto. Pilotos muy jóvenes, cada vez más. Y los receptores de estas imágenes, algunos, serán conscientes de que estas carreras sólo se pueden llevar a cabo en circuitos específicos, pero otros simularan, imitarán, probarán suerte en alguna de nuestras carreteras.

Me llama la atención que, así como surgen grupos que piden la prohibición de las corridas de toros, no existen grupos que pidan la prohibición de estas carreras que ponen en peligro la vida de los pilotos, y fomentan el gusto por la velocidad entre los jóvenes.

Así es la vida: incomprensible. Y corta, muy corta, para muchos de nuestros jóvenes.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. Miembro de la asociación de víctimas de violencia vial “Vida en la carretera”.

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Señor Neira:

Sufrí durante su agresión y su estancia hospitalaria como si le conociese. Me alegró verle salir recuperado. Quizás porque desde que me falta mi hija, la única que tenía,  me duelen más las injusticias.

El otro día, cuando leía sus declaraciones sobre que estaba tomando una medicación y eso era lo que le había hecho ir haciendo eses por la carretera, casi le justifiqué pero, después, cuando los médicos han dicho que la combinación alcohol y medicación afecta a la conducción pero no al resultado del alcohol en sangre, he dejado de hacerlo.

Hace cinco años que perdí a mi hija por un conductor con alcohol. Él tampoco reconoció que había bebido mucho pero su alcohol en sangre era cuatro veces superior al permitido en aquel momento.

Y es que nadie admite que ha bebido más de la cuenta y se ha puesto al volante. Ni piensan que van a dar positivo. Es que todos creen que controlan. Es que pocos hacen caso a lo que el prospecto  de muchos medicamentos recomienda: no mezclar con alcohol, no conducir o manejar máquinas.

Hoy, escuchaba que decía que no va a pedir perdón porque no había bebido. El que mató a mi hija tampoco ha pedido perdón.

Aunque los familiares de las víctimas  de violencia vial, especialmente aquellas que han perecido por las acciones de conductores con alcohol deberíamos exigirle que nos pida perdón, yo no lo haré, ni lo necesito. Pero usted si lo necesita. Pídase perdón porque ha puesto en peligro su propia vida. Eso sin hablar de la de los demás.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

Unas 1.500 personas mueren al año en siniestros relacionados con alcohol.

El 39,7 de los fallecidos en 2009 dieron positivo en alcohol, en las autopsias.

El 11,7 de conductores que sufrieron algún accidente en el 2009, dieron positivo en alcohol.

En 2009 hubo 3546 atropellos con víctimas.

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