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Archive for 23 junio 2011

El próximo día 30 de Junio termina el plazo, en principio, de la
limitación de velocidad a 110 km. por hora.

Parece ser que el ahorro de combustible ha sido efectivo y el ahorro de víctimas también, entre Enero y Mayo, el número de muertos ha bajado un 9,5% respecto al año anterior. Pero sigue habiendo detractores y partidarios. Yo lo que sé es que la vida va a más de 110, que nos quejamos del estrés y las enfermedades que produce, que hay una gran tendencia del pensamiento y la filosofía “Slow” (Vida Lenta), pero que cuando vamos a un sitio queremos llegar lo más rápido posible. ¿No es una contradicción?

Yo recuerdo que los viajes en la moto de mi padre eran toda una aventura. Nunca sabías si llegarías al destino porque nunca conocías en qué punto se pararía, en qué lugar del camino mi padre tendría que sacar su lijita y limpiar la bujía, renegaría de mi madre a la que culpaba de que “tenía la negra”, pobre mujer, si ella no tocaba la moto ni para limpiarla y eso que le encantaba el trapo. Y no era porque mi padre fuera un mal hombre y machista, al contrario, era porque en
aquellos tiempos todos los hombres eran machistas o tenían que parecerlo.

Entonces, cuando la moto no se paraba por sí sola, había que hacerlo para descansar, estirar las piernas o coger flores, y si nos gustaba mucho el lugar, nos quedábamos. Sacábamos el mantel y la tortilla y ese día no llegábamos a donde mi padre había dicho pero era igual, así había una próxima vez.

¿Cuántos de nosotros hacemos el mismo camino a la playa, a la montaña, al pueblo, durante años, y no conocemos los pueblos por donde pasamos? Todos.
Hay que llegar lo antes posible y volver corriendo. Y necesitamos ir a más de 110 porque el lunes hay que estar trabajando y vuelta a empezar.

Por supuesto que soy la primera que ahora se me hace más largo el camino pero también es verdad que ahora se me hace más largo todo. La vida se
me hace eterna, tanto que, a veces, no puedo con ella.

Creo que pocos respetan el 110 pero les obliga a ir más despacio. Y si ese ir más despacio sirve para que otras madres no hayan perdido a sus hijos, para que algunos niños se fijen en que en los campos hay flores y les pidan a sus padres que paren para cogerlas, si sirve para que nos empecemos a acostumbrar a ir más despacio en esta vida, yo me apunto a seguir a 110.

¿Y tú te apuntas?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor que bebió con demasiada prisa.

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No hay nada como ser famoso, para lo bueno y para lo malo.

Pienso en la cantidad de muertos en la carretera que se pusieron a
dos metros bajo tierra sin saberse qué había pasado, cómo había sido ese
accidente. Muchos en los que no se pudo probar quién fue el culpable o lo más
mínimo, no se hizo la prueba de alcohol, menos aún pensar en ninguna otra prueba
relacionada con otras drogas. Recuerdo a tantos que se consideraron culpables
porque fueron los que murieron y no nos pudieron contar cómo fue.

Hasta donde yo sabía, alguno de mis amigos policías que me
rectifique, en un accidente si el conductor no da su aprobación para hacer la
prueba de alcohol, o si no está en estado de soplar, el herido se lleva al
hospital, y si no hay un juez por medio que ordene un análisis de sangre, ese
presunto conductor con alcohol, se queda sin probar.

Si algún médico guarda un poco de sangre para hacer un análisis
posterior puede buscarse un gran problema.

Pero si el implicado en el accidente es un famoso, la cosa puede
cambiar, y de hecho esta mañana lo que leía era este titular: El
juez ordena guardar una muestra de sangre de Ortega Cano para futuros análisis

¿Por qué no se hace en todos los siniestros de tráfico? ¿Por qué
no se modifica el reglamento, el protocolo o como quiera que se llame, cuando
existe cualquier accidente para saber en qué estado iban los conductores? ¿Por
qué tiene que haber un juez al que se le ocurra y otro al que no? ¿Por qué
tiene que ser solo bajo mandato judicial?

Recuerdo ahora mismo el famoso siniestro de mis compañeros de
asociación en el que murieron cinco personas en Mérida, en el que al conductor
culpable no se le hizo ni tan siquiera la prueba de alcohol.

Y también recuerdo nuestro caso, en el que fue fundamental la actuación
de la guardia civil haciendo la prueba de alcoholemia y la suerte de que
existiera un testigo que iba sentado en el mismo coche del causante del
siniestro. Fue una suerte que casi nunca se da.

¿Es tan difícil hacer bien las cosas desde el principio? Téngase
nombre conocido o no. Que alguien me conteste.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un
conductor con alcohol.

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