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Archive for 30 agosto 2011

Anoche estaba especialmente triste. Me pasa siempre cuando son las fiestas de San Sebastián de los Reyes.

Ayer, Dani Martín actuaba en su casa, así lo admitía con el vídeo que iniciaba su actuación
emulando a E.T. y “mi casa”. Pero esto no lo sé porque estuviera allí, que no estaba, aunque sí me invitó una vez a uno de sus conciertos pero fui tan desagradecida que no asistí. Lo sé gracias a los vídeos que han subido su fans a Youtube.

Pero, ayer, tenía doble tristeza. Al hecho de que DaniMartín cantaba en San Sebastián de los Reyes, y Helena no podía verlo, se unía que conocía la noticia del informe de la policía sobre el accidente provocado por Ortega Cano, en su día también vecino de San Sebastián de los Reyes o de Alcobendas,  posteriormente.

Dos vecinos, completamente distintos.

Las anotaciones de Helena cuando actuaba El Canto del Loco

(Las anotaciones de Helena cuando actuiaba El Canto del Loco)

Dani Martin me recordaba la parte más lúdica y festiva deHelena, llena de alegría y gusto por las fiestas de Sanse, y Ortega Cano me recordaba que mi hija ya no podrá asistir a ninguna fiesta, a ningún concierto
de ningún cantante, porque alguien decidió beber y conducir.

Cuando terminaban las fiestas, según Helena.

Ortega Cano juró por sus hijos, que no había bebido. El que mató a mi hija se inventó un choque en cadena que no existió. Incluso trató de hacer pasar a su copiloto por conductora para salvarse de la quema pero resultó que la persona que le acompañaba no tenía carnet de conducir. Entonces, cuando
se dio cuenta de que no tenía salida, dijo: “me acabo de partir la vida”. Pero a quien realmente había partido la vida fue a mi hija. Y a nosotros.

Ortega Cano tendría que ser valiente y admitir lo que hizo. Esa sería la mejor postura. La más torera. La más honrada.

Porque lo que está claro es que los únicos que no bebieron fueron mi hija, hace seis años, y Carlos Parra, que casualidad,  el día que mi hija habría cumplido 27 años, según lo indican ambas autopsias.

Ellos murieron por el alcohol que otro tomó.

Solo queda mi lamento

Y decir: te quiero de verdad,

solo queda que aún te siento

y que siempre te voy a recordar.

Muero si no estás, y ya no estás…

Te pierdo y te me vas

Te fuiste ya.

Porque ya no te tengo

eras mi vida y ya no estás,

y sé que ya no estás.

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás

te llevo tan tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

y es que ya no te tengo y perdón por si no te supe amar.

Hoy me quedan tus momentos,

eres la cara más bonita que habrá…

Tenerte cerca ha sido el premio

el más grande que he llegado a alcanzar.

Me muero si no estás

y ya no estás

te pierdo y te me vas

te fuiste ya.

Porque ya no te tengo

eras mi vida y ya no estás

y sé que ya no estás

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás…

te llevo tan, tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

es que ya no no tengo y perdón por si no te supe amar.

Siempre pienso aunque estés lejos

y te juro que te puedo notar

Cerca quedaran tus gestos

y tu carita de princesa, mi hermana.

Me muero si no estás,

y ya no estás…

te pierdo y te me vas

te fuiste ya.

Porque ya no te tengo eras mi vida y ya no estás

y sé que ya no estás

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás

te llevo tan tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

y es que ya no te tengo y perdón por si no te supe amar.

Este es el lamento de Dani Martín, por su hermana. Jamás pensé que después del  envío
de mi carta
y su llamada a casa, el mismo conocería el dolor de la pérdida. ¡Cómo siento el dolor de su madre! Esa madre que me ayudo para que mi carta llegara hasta sus manos.

También es mi lamento.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por la acción de un conductor borracho.

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Antes se llamaban fiestas ilegales, ahora se llaman “raves”, y con la muerte de dos jóvenes y otro muy  grave, el pasado fin de semana, ha salido a la luz algo más que hacen nuestros jóvenes para divertirse, quitándose la vida.

Todos los medios de comunicación se hacen eco de estas dos nuevas muertes por consumo de drogas (alcohol, drogas,estramonio, etc.), en una fiesta de esas. Pero no he encontrado la noticia de la muerte de otros dos jóvenes, hace tres o cuatro años, cuando salían igualmente de una de estas fiestas celebrada en la misma finca, “La Aldehuela”, en Perales del Rio, o más conocido como “El monasterio de Getafe”, en un accidente de tráfico en la entrada de la M-30.

foto de Juan Diego Quesada. El País.

Porque estas “raves”, como se les llama ahora y que no son otra cosa que fiestas fueras de una discoteca, en edificios abandonados,  con música practicada por un dj desconocido, y donde se consume alcohol,  cocaína, éxtasis, etc., son lugares inmundos, alejados de poblaciones, a donde se llega andando a través del campo y en otras en coche, más tarde,  después de estas concentraciones y del consumo de toda clase de guarrerías, se vuelve a salir en coche.

(Planta de Estramonio)

Si no mueren, poco a poco,  por lo que se toman por la boca, morirán volando en un coche o lo que es peor, matarán a otros que no tienen ninguna culpa.

Pero cosas como éstas que acaban de suceder y cambiarán la vida a dos nuevas madres sin hijos, llevan ocurriendo 8 años, en este paraje, en este lugar, y no se hace nada.

¿Cómo se puede permitir que estas cosas sigan ocurriendo?

Los padres porque no se enteran; las autoridades porque no pueden hacer más que abortar algunas de estas fiestas cuando vigilan, o ir recogiendo los cadáveres una vez realizadas; los políticos porque no se ponen de acuerdo nada más que para el “y tú más”, y el resto de sociedad porque nos quejamos, criticamos, lloramos, pero no nos implicamos en cambiar a los jóvenes.

Foto Luis Sevillanol.s. El País.

No solo hay que buscar a la persona que preparó el líquido que durante la fiesta se  repartió, como están diciendo los medios de comunicación. Hay que buscar a los responsables de que este lugar albergue fiestas de este tipo, ésta y todas las que se celebran en otros lugares, incluso más cercanos a la ciudad. Y a los que criamos y educamos jóvenes que algo de culpa debemos tener.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por la acción de un conductor borracho.

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Mi relato publicado en los periódicos del grupo Vocento, a través de “Otros días de verano”,  de “Madres sin Hijos” o en los links de los periódicos:

“La Verdad de Murcia”

“El Ideal de Almería”

“Diario Vasco”

“El Correo”

“El norte de Castilla”

“El diario Montañes”

Bueno, creo que ya es bastante. Gracias, por aguantarme, por leerme.

Gracias especiales, a Escuela Literaria Espido Freire.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Comienzas las fiestas en España. La virgen de Agosto sirve para unificar todas las fiestas de la mayoría de pueblos de España y es la excusa para volver al lugar de nuestros orígenes o el de nuestros antepasados.

Durante años, yo he celebrado las fiestas del pueblo de mi marido. Durante años, sin faltar.

Y disfrutábamos, especialmente de sus verbenas. Los tres. Como una piña. Helena, con sus veinte años, abandonaba la discoteca para ir a la verbena con nosotros, para bailar “la ventanita”, “el tiburón”, “que la
detengan”, “bomba”, “el chiringuito”… cualquiera de las canciones que ese verano estuviera de moda,  y “viva el pasodoble”.

Su último verano también lo pasó en las fiestas del pueblo de su padre, esta vez, incluso con su amor. Pero como ella, mucho serán los que éste sea su último año de fiestas en su pueblo. Muchos serán los que no vuelvan este puente de Agosto. Muchos los que se quedarán en nuestras carreteras secundarias. Esas que cubren y conectan la mayoría de pueblos de España.

Las fiestas llevan al alcohol, y éste está reñido con la carretera.

En estas fechas, más que nunca, echo de menos bailar un pasodoble. Ese que bailaba, orgullosa, con mi marido o con mi hija. El pasodoble que durante años me ha gustado enormemente. Ese que, creo, es el
único que mi marido se aprendió. Ese que nos hacía sentir vivos y felices. Un pasodoble español que, ahora, amplia más mi dolor, porque, además de los recuerdos de días felices, ahora me recuerda que el alcohol es la causa de todas mis penas.

“Viva el pasodoble” de Rocío Jurado, dicen que está dedicado a Ortega Cano.

Escuchar este pasodoble,  ahora, me produce rabia.

Ortega Cano: si habías bebido, ésta sería tu mejor corrida: torear ese toro con humildad y poniéndote como ejemplo de lo que puede pasar cuando bebes y conduces. Admitirlo, y hacer campaña. Porque en muchos pueblos, estos días, muchos padres bailarán tu pasodoble, y muchos de sus hijos, no volverán a casa.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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El alcoholismo es un grave problema con repercusión en todos los ámbitos: familiar, laboral, social. Y eso que vemos en las películas “me llamo fulano de tal y soy alcohólico” no es de película es algo muy real y muy serio y que muy pocos lo hacen porque ese es el primer paso para darse cuenta de que se tiene un problema con el alcohol.

 

Y es en lo primero que he pensado cuando he leído hoy la noticia: “esta madre tiene un problema con el alcohol, un grave problema, y aún no se ha dado cuenta, no lo ha reconocido”. Y es lo que quiero pensar. No quiero imaginar que esa madre sea tan inconsciente para poner en peligro a sus dos hijitos y conducir con una tasa de alcohol de 1,32, la primera y 1,26, la segunda, miligramos por aire aspirado. Eso sí, los niños iban sentados en dos sillitas perfectamente homologadas, pero quizás les hubieran servido de poco si la propia policía no la hubiera detenido y comprobado en el estado que iba y su mamá hubiera seguido conduciendo.

 

¿Y qué hacemos con estas personas? ¿Cómo transmitirles el daño que pueden causar? Estoy rodeada de víctimas que han perdido a sus seres queridos por el alcohol que ellos no tomaron.

 

Mi amiga Carolina perdió a su hijito de pocos meses y a su marido por uno de estos alcohólicos. Y el causante, se bajo del coche y se marchó. La policía, cuando llegó, se encontró una mujer gravemente malherida, un bebé y un hombre muertos y un coche, sin conductor, abandonado. Parece ser que era un alcohólico.

 

Los padres de Julia perdieron a su hijita también porque un conductor decidió beber y llevarse por delante el carrito en donde paseaba Julia. Y parece ser que el presunto culpable sigue bebiendo.

 

El que mató a mi hija estuvo, casi todo el día, bebiendo en la cantina del cuartel. Se prestó a llevar a una compañera del ejercito a recoger a su hijita que había dormido con su hermana esa noche por estar ella de guardia. Se llevó por delante el coche de mi hija cuando iban a la estación de tren del goloso a recoger a la niña. Esta niñita podría haber ido también el coche. Podría haberle pasado también algo. Pero, normalmente, al coche del malo no le pasa nada. Van sembrando mal pero ellos sobreviven.

Y así podría relatar el caso de muchas de las víctimas que conozco.

 

Eso, de los que sabemos, pero ¿cuántos beben, han bebido, siguen bebiendo, y nunca sabremos que lo que produjo el mal llamado accidente fue el alcohol? Ya se encargan ellos de aprovechar el menor resquicio para rechazar, recusar, pruebas. Esas pruebas que unas veces no se hacen porque el conductor no está en estado para soplar, o porque en algunos casos la policía o la guardia civil que asiste al atestado no aprecia o no se da cuenta de que el conductor puede haber bebido y no la realiza. Más antes que ahora, también es verdad.

 

Algunos de estos conductores con alcohol, recuperan los puntos perdidos de su carnet, en cursos específicos para ello. Algunos de los profesores que imparten estos cursos me han comentado que no muestran ningún arrepentimiento, ningún pesar, son arrogantes, indiferentes y les importan una mierda los demás. Y algunas víctimas, a través de asociaciones, se prestan a dar charlas a estos malvados. Así somos. A pesar de nuestro dolor, pensamos que les vamos a concienciar, les vamos a cambiar. No nos engañemos, sólo nos van a utilizar para recuperar su carnet.

 

Para algunos de estos delincuentes, ellos no tienen ninguna culpa y esla D.G.T. la causante de sus desgracias, con fines lucrativos.

 

Yo me pregunto qué castigo le impondrá el juez a esta madre.

 

Pues, si fuera yo, le impondría un recorrido por las distintas asociaciones de víctimas de este país, o por las casas de las víctimas. Aquellas en las que nos sobra un plato. Las que hemos perdido a nuestros seres queridos, por el alcohol que otro tomó.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor con alcohol.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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