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Archive for 21 febrero 2012

En Cádiz, cuna de constitución y carnavales, en Chipiona, cuando las madres daban los últimos retoques o buscaban disfraces para sus pequeños, más de un centenar de personas se daban cita en el Primer Encuentro Andaluz de Seguridad Vial.

Un encuentro para compartir experiencias llevadas a cabos por técnicos de educación y seguridad vial de distintos puntos de España, agrupados en diversas asociaciones y que el ayuntamiento de Chipiona a través de su concejalía de Seguridad Vial ha propiciado y los policías locales de seguridad vial han hecho posible.

Una puesta en común de lo que se está realizando en muchos lugares de España, relacionado con la enseñanza de la seguridad vial, en colegios o en parques de seguridad vial y que han compartido y mostrado a los que allí estábamos reunidos (Técnicos de seguridad vial, educadores, miembros de centros de inserción social, víctimas de accidentes de tráfico, etc.)

Desde que comencé en esta lucha, hace siete años, tuve muy claro que la forma de acabar con esta lacra de las muertes por accidentes de tráfico, vendría por la educación, concienciación y un cambio de hábitos y costumbres.

Yo no podía esperar a la justicia, muy lenta en todas sus actuaciones, para encontrar algo de sosiego por la pérdida de mi hija, y que otras madres no sufrieran por lo mismo que yo, una de mis primeras preocupaciones. Desde el primer momento tuve claro que la educación era la mejor forma de prevención. Por eso me gustó tanto y me llamo la atención el título de esta jornada: Educar para salvar vidas.

Pero algo que existe en algunos municipios, bien por el empeño de sus ayuntamientos y unos cuantos policías locales que le echan ilusión y ganas de hacer, en municipios como el mío desde hace 25 años, sigue siendo algo voluntario, poco valorado, que sufre el vaivén de los distintos cambios de gobierno municipal y que sigue sin ser una asignatura más para todos los niños o jóvenes en edad escolar.

Muchos de estos policías, expertos en seguridad vial, se encuentran agrupados en diversas asociaciones (ATESVEX, ADEVI, ADEVA, APEMEV, ATESVAN… ) y algunos de ellos siguen participando, proponiendo colaborando en buscar formas nuevas de enseñanza y respeto en la convivencia con el tráfico, aun habiendo sido separados de esa actividad de enseñanza de seguridad vial, de forma voluntaria fuera de su trabajo, porque están convencidos de la importancia de esta educación. Y las asociaciones de víctimas seguimos insistiendo en la necesidad de esta enseñanza, en todas las etapas de la educación, de una forma obligatoria.

Educación para la ciudadanía, en algunos lugares, tenía una sección dedicada a la seguridad vial. Una sección muy pequeña que ahora, con su supresión, también se ha perdido.

En estas jornadas pudimos disfrutar de algunas actividades desarrolladas por estos educadores, muy curiosas y enriquecedoras. Como es “la multa de la vergüenza”, llevada a cabo por los niños de Chipiona. Una actividad dentro de la enseñanza de seguridad vial que se realiza en la calle, en la que los niños son los que sancionan a los conductores. Una sanción moral de difícil pago y mucha vergüenza.

Eso me recordó uno de mis eslóganes por la vida: “Conduce sin miedo pero con vergüenza”.

Y por nombrar solo algunas de las muchas que allí se expusieron,  la enseñanza que lleva a cabo la policía local de Isla Cristina, a través de canciones y marionetas, una de las ideas más fresca y joven que  se mostró.

En definitiva, una jornada muy especial y enriquecedora, de la que, como siempre, saqué muchas enseñanzas y que me reafirmó para que hoy, día en el que nuestra asociación Vida en la Carretera se reunirá con el presidente de la Comisión de Seguridad Vial del Parlamento Español, ante el que llevamos nuestra petición de la enseñanza de seguridad vial obligatoria en todos los colegios, nos dará fuerza para defenderla con mayor ímpetu.

Muchas gracias a todos los ponentes, a todos los que hicieron posible esta jornada y especialmente a los que me invitaron, arroparon y trataron con tanto cariño. Y una sugerencia para las próximas: conseguir que asistan más educadores, y algún niño o joven que aporten también su visión.

Y no olvidéis mis frases: Un niño educado es un futuro conductor concienciado.

Y…”que hablen los buenos”.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Diego el Pirata

Diego cumple años. Siete, un número mágico.

Y yo, como soy un poco sosa, le he hecho algo que ni es verso ni es prosa.

Pero Diego saca lo mejor de mí, y a tontas y locas, siempre le hago alguna cosa.

Se titula “Diego el pirata”, y espero que en el próximo homenaje que le harán todos sus amigos en el “Monte San Pedro”, alguien pueda leerselo a Diego.

 

Diego el Pirata

Diego se subió a un monte,

desde allí veía el mar y el horizonte.

Él siempre con buena visión,

desde un ventanal o un monte.

Y surcó los mares como un bucanero.

Como un pirata,

“el garrapata”

Con cara de malo.

Con pata de palo.

Imposible, porque él era bueno.

Inaceptable, porque era inmejorable.

Insoportable, no verle y acariciarle.

Inaguantable, su ausencia,

a pesar de verle surcar los mares,

en un barco de papel,

con las velas extendidas,

desafiando al viento,

con un ojo tapado,

y otro guiñado,

sonriente.

Y así, se convirtió en duende.

En guardián.

En capitán.

Y nos dejó  su pata de palo,

como regalo.…

…para armar nuestras esperanzas

Flor Zapata Ruiz. “Diego el pirata”

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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La carretera de la Coruña, para los mayores, la autovía A-6 para los jóvenes, siempre me ha parecido muy peligrosa. Su trazado, su gran afluencia de coches, su peligrosa incorporación al carril Bus VAO, aunque ahora mejorada al llevarla a la derecha, me producen cierto temor a la hora de utilizarla y, cuando vivía mi hija, cierta prevención, por si tenía algún accidente. Pero en su uso para llegar a la universidad Antonio Nebrija, jamás tuvo ningún problema, quizás porque el problema le vino por otro y por detrás, y eso te puede pasar en cualquier lugar.

El carril bus VAO está basado en un proyecto aprobado en 1989, para construir un carril central con función reversible, pero en 1991 ante la congestión de tráfico, y con un nuevo concepto sobre tráfico,  se decide convertirlo en un carril para vehículo de alta ocupación (vehículo ocupados por más de dos personas). En 1993 se comenzaron  las obras y la última modificación ha sido reciente.

Por muchas veces que haya pasado por esa autovía, jamás me he metido por el carril bus VAO. No me gusta, me da la sensación de ratonera. Después de la muerte  de dos personas y heridas otras dos, hace tan solo unos días, me he confirmado, más aún, en mi temor.

Antes de realizar este post he tratado de buscar los accidentes que se han producido en ese carril pero no he encontrado información, sí sobre diferentes averías de coches o autobuses que han producido numerosas retenciones.

También he encontrado un interesante informe  sobre “La experiencia española en carriles de alta ocupación”, realizado por Julio Pozueta Echavarri, en 1997, que os invito a leer. Por él me he enterado que este tipo de vías nos ha venido de América, como casi todo.

Curiosamente, ni en este informe, ni en ningún sitio, he encontrado nada relacionado con el estudio de la seguridad o peligrosidad de este tipo de carriles. Solo sobre el ahorro de tiempo.

El tiempo, dichoso tiempo. Llegar cinco minutos antes. O no llegar.

Y he encontrado otros comentarios interesantes sobre las actuaciones de los  conductores de autobuses, y que yo misma también he sufrido en esa autovía y en otras vías: la superioridad por tamaño.

El caso es que sea por lo que fuere, dos mujeres están muertas, una de ellas muy joven. También, dos jóvenes heridas. Una nueva tragedia, que se une a la de las hermanas de Mª Lourdes Re, que también murió en esa autovía porque un autobús, también de la empresa Larrea,  se llevó por delante una grúa. Lourdes iba a trabajar al casino de Torrelodones y murió en este golpe.

Las hermanas de Lourdes están luchando para que los autobuses de transporte público, especialmente los que hacen los trayecto interurbano, lleven cinturones de seguridad. Lourdes no habría muerto si lo hubiese llevado, y miles de personas, cada día, realizan los trayectos hasta sus trabajos, sin la seguridad que deberían o llevarían en un coche particular.

Pero, claro, esto parece imposible, supondría que solo viajarían personas sentadas, nunca de pie. Pareciera que en esos autobuses no puede pasar nada, no va a pasar nada.

Mi dolor y mi solidaridad con estas nuevas víctimas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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