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Archive for the ‘Afectados’ Category

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Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Cuando perdemos a un hijo en esos mal llamados accidentes de tráfico, y a pesar del dolor, comienzas a hacerte preguntas que, en un primer momento, ni siquiera tienen el sentido de pregunta porque son más un lamento: quién, cómo, dónde, cuándo…

Pero pasado unos días, esas preguntas se hacen efectivas y comienza un calvario para poder aclarar las circunstancias en las que se desarrollo esa pérdida.

Entonces, en el mejor de los casos, visitas a un abogado, le planteas el caso y comienza una larga espera para conocer los datos de un siniestro del que, los padres, son los últimos en enterarse porque es un tema tan doloroso que casi todo el mundo tratará de ocultárselo, de no darle explicaciones más allá de ese “murió en el acto”, que casi siempre se dice con la intención de quitar dolor.

El propio atestado, no sé si se consigue a nivel particular, creo que no. Las fotos, no te las enseñan, es muy doloroso. La autopsia, tienen que pasar días hasta que te la entregan. Y así, por piedad, por burocracia, por dolor, tienen que pasar muchos meses hasta que realmente se sabe un poco de lo que sucedió.

Pero existen muchos casos en el que el estado de abatimiento de los familiares es tal que pasan días, meses, y en algunos hasta años, para tener el valor de enfrentarse al tema. Y, a veces, ha pasado tanto tiempo, que se pasó el plazo.

Cuando estábamos para enterrar a nuestra hija, cuando el que la mató ya era puesto en libertad, comencé a oír que el que había provocado el siniestro de mi hija iba borracho. Mi marido dice que lo supo antes pero me lo ocultó. En esos días, todo el mundo te oculta algo para que no sufras. ¡Qué ilusos!

Puedo decir que nosotros, como padres, tuvimos poco que investigar, porque nuestro abogado hizo una gran labor, pero también tuvimos la gran suerte de que a través de una amiga de mi hija supimos que había un testigo muy importante de todo el hecho. Y nos costó mucho encontrarlo. Y tuvimos mucha suerte de que declarara la verdad, solo la verdad.

Pero conozco muchos padres que se han convertido en verdaderos detectives. Que hoy en día, saben mucho más que algunos guardias o policías que realizan los atestados. Que algunos padres tienen que contratar detectives que resuelvan o encuentren pruebas. Que una madre tuvo que ir a buscar pruebas de que en un punto negro existían accidentes y se encontró con ese magnífico vídeo. Que algún padre lleva una campaña para que una carretera secundaria, donde perdió la vida su hijo, se arregle. Que algún padre tiene un magnífico estudio de la resistencia o cómo se produce el impacto en una sillita de bebé. Que algunos  tienen que buscar en las grabaciones de cámaras cercanas al lugar del accidente para ver en qué estado iban los coches o conductores que produjeron su pérdida. Que muchos padres se dejan casi la hacienda y la vida para resolver con métodos que hoy existen, las pruebas para llevar ante un juez, para eliminar de sus hijos, además de perder la vida, el estigma de culpables, que no lo fueron. Y, en algunos casos, aún así, la justicia se lo deniega.

Y yo me pregunto ¿Los padres? ¿Los padres son los que tienen que realizar esta labor de investigación? ¿No han tenido bastante con la pérdida?

Ayer y hoy, salía una noticia de que expertos en accidentes de tráfico en Valencia, están estudiando el accidente de Ortega Cano. No, si no hace falta, si ese caso ya está más que estudiado. Otros son los que necesitan estudio. Un estudio por parte de la propia administración, que no tengan n los padres que gastarse el dinero en conseguirlo y que saben que es la única forma de poder demostrar lo que pasó.

Entre las propuestas entregadas por “Vida en la Carretera”, hace unos días al presidente de la comisión de Seguridad Vial del Parlamento, estaba una que decía: “Elaboración de una ley que determine un atestado protocolizado de mínimos, común para Policía y Guardia Civil”. Porque ni eso está definido. Porque un buen atestado es fundamental para resolver la culpabilidad.

Y uno de los compañeros de asociación le comentó personalmente que, ¿por qué esa misma investigación que se realizaba en los casos de famosos no se hacía en todos los siniestros? ¿Por qué cuando se solicita directamente te la niegan o no contestan? Algo así les pasó a ellos cuando perdieron a cuatro miembros de su familia, a escasos metros del mejor centro donde forman sobre estos temas, la Academia de la Guardia Civil en Mérida, Badajoz.

Parece ser que el mejor equipo de reconstrucción es el “ERAT” Equipo de reconstrucción de accidentes de tráfico de la Guardia Civil,  pero ¿qué hay que hacer para que intervengan?

Mi consejo es que aquellos que podáis delegar en otros lo hagáis, porque no tenéis ni los suficientes conocimientos, ni la fuerza para enfrentaros a algo más que vuestra pérdida, pero también os digo que nadie va a luchar por hacer justicia como vosotros. Eso sí, apoyaros en los profesionales.

Puedes encontrar ayuda en:

Las asociaciones de víctimas te pueden asesorar y ayudar en los primeros momentos, legal y psicológicamente.

Las empresas de reconstrucción de accidentes como:

www.rpvirtual.es

http://itrasa.com/seguridad-vial/

Y después, mucha paciencia,  dinero…y pleitos tengas y los ganes.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

 

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La carretera de la Coruña, para los mayores, la autovía A-6 para los jóvenes, siempre me ha parecido muy peligrosa. Su trazado, su gran afluencia de coches, su peligrosa incorporación al carril Bus VAO, aunque ahora mejorada al llevarla a la derecha, me producen cierto temor a la hora de utilizarla y, cuando vivía mi hija, cierta prevención, por si tenía algún accidente. Pero en su uso para llegar a la universidad Antonio Nebrija, jamás tuvo ningún problema, quizás porque el problema le vino por otro y por detrás, y eso te puede pasar en cualquier lugar.

El carril bus VAO está basado en un proyecto aprobado en 1989, para construir un carril central con función reversible, pero en 1991 ante la congestión de tráfico, y con un nuevo concepto sobre tráfico,  se decide convertirlo en un carril para vehículo de alta ocupación (vehículo ocupados por más de dos personas). En 1993 se comenzaron  las obras y la última modificación ha sido reciente.

Por muchas veces que haya pasado por esa autovía, jamás me he metido por el carril bus VAO. No me gusta, me da la sensación de ratonera. Después de la muerte  de dos personas y heridas otras dos, hace tan solo unos días, me he confirmado, más aún, en mi temor.

Antes de realizar este post he tratado de buscar los accidentes que se han producido en ese carril pero no he encontrado información, sí sobre diferentes averías de coches o autobuses que han producido numerosas retenciones.

También he encontrado un interesante informe  sobre “La experiencia española en carriles de alta ocupación”, realizado por Julio Pozueta Echavarri, en 1997, que os invito a leer. Por él me he enterado que este tipo de vías nos ha venido de América, como casi todo.

Curiosamente, ni en este informe, ni en ningún sitio, he encontrado nada relacionado con el estudio de la seguridad o peligrosidad de este tipo de carriles. Solo sobre el ahorro de tiempo.

El tiempo, dichoso tiempo. Llegar cinco minutos antes. O no llegar.

Y he encontrado otros comentarios interesantes sobre las actuaciones de los  conductores de autobuses, y que yo misma también he sufrido en esa autovía y en otras vías: la superioridad por tamaño.

El caso es que sea por lo que fuere, dos mujeres están muertas, una de ellas muy joven. También, dos jóvenes heridas. Una nueva tragedia, que se une a la de las hermanas de Mª Lourdes Re, que también murió en esa autovía porque un autobús, también de la empresa Larrea,  se llevó por delante una grúa. Lourdes iba a trabajar al casino de Torrelodones y murió en este golpe.

Las hermanas de Lourdes están luchando para que los autobuses de transporte público, especialmente los que hacen los trayecto interurbano, lleven cinturones de seguridad. Lourdes no habría muerto si lo hubiese llevado, y miles de personas, cada día, realizan los trayectos hasta sus trabajos, sin la seguridad que deberían o llevarían en un coche particular.

Pero, claro, esto parece imposible, supondría que solo viajarían personas sentadas, nunca de pie. Pareciera que en esos autobuses no puede pasar nada, no va a pasar nada.

Mi dolor y mi solidaridad con estas nuevas víctimas.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Cada vez conozco o tengo referencias de más víctimas de atropellos en pasos de cebra. Esas víctimas menos conocidas porque no se producen en una carretera y van en otro macabro computo y que en los últimos años cada vez son más numerosas.

Cuando me encuentro a la espera para poder acompañar a una reunión a una víctima: una madre que perdió a su niñito en un paso de cebra delante de la guardería, me entero del atropello de un niño de 13 años, de mi tierra, en otro paso de cebra.

Las víctimas por atropello son las única que no han descendido, cada año se producen unas 200 víctimas, y son las protagonistas en los nuevos planes de Seguridad Vial para el próximo decenio pero, mientras tantos, los ancianos, los niños y los ciclistas, siguen siendo los más vulnerables en los accidentes de tráfico de las zonas urbanas.

Anoche, cuando me enteré de este nuevo atropello, que me afectó mucho, recordé que tenía pendiente la escritura de este post, pero no sabía cómo enfrentarlo porque cada día me cuesta más compartir más dolor, y cada día tengo menos palabras para reflexionar sobre estos casos.

A veces, pienso que los pasos de cebra son solo verdaderas ratoneras que producen accidentes, porque a diferencia de los semáforos, que dan más seguridad y son pocos los que no los respetan, que también los hay, los pasos de peatones no los respeta nadie. Ya pueden estar elevados, pintados, señalizados, ¿quién no se los pasa o se los ha pasado? Con el consiguiente peligro para el peatón que somos todos, porque ante todo somos peatones.

(Un mal ejemplo de paso de cebra en La Manga, zona de Ayuntamiento de San Javier. Murcia)

El mismo miedo me producen esos semáforos en ámbar, que el luminoso indicativo de quién tiene el paso está de forma que el conductor no lo ve y el peatón sí. Sé que están puestos así para que el conductor tenga que detenerse pero eso díselo tú a todos los conductores.

No me fío de los pasos de cebra. No me gustan. No me producen seguridad. Entiendo que la solución no es quitarlos pero siguen siendo muy peligrosos y no es la primera vez me he visto en peligro.

Los conductores seguimos marchando a más velocidad de la que indican las señales de las calles, la verdad es que a 30 casi se va más deprisa andando, y aún así, se sigue atropellando, porque no es solo la velocidad lo que mata sino la falta de educación, sensibilidad, generosidad y respeto hacia el resto de las personas. A treinta seguimos sin ver a nuestro prójimo, claro que te da más tiempo de parar, pero es que a13 Km. por hora el golpe que recibes es también mortal.

¿Cuál es la solución? Muy complicada mientras que no cambiemos de mentalidad y actitud: menos coches, más educación, menos prisas, más amor a la vida.

Mi solidaridad para esos nuevos padres que engrosan la lista de madres y madres sin hijos. Mi abrazo para la hermana de mi amiga que fue testigo de este nuevo atropello y lo está pasando fatal. Mi frase más repetida y que cada día me cuesta más pronunciar: Vuestro dolor es también el mío porque, antes, ya fui yo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Ayer, me llamaba la madre de Bárbara, una nueva madre que he conocido, que también perdió a su hija por un conductor con alcohol, muy indignada, por lo que estaba viendo en la televisión pública, sobre la polémica de la indemnización pedida por los familiares de Carlos Parra, y los comentarios de algunos periodistas, que como ella me decía, pagamos todos porque están en una cadena pública, sobre lo descompensado de la petición de indemnización.  Pobrecito Ortega, que por cierto, tendría que pagar esa indemnización de su dinero porque si se demuestra que iba borracho, eso no lo debería cubrir el seguro, a no ser que tuviera una póliza especial para ello.

He intentado ver el vídeo del programa de la TV1 pero no he podido, debe ser un problema de mi ordenador, para saber de primera mano lo que allí se hablo. Pero me es suficiente la queja de esta madre.

¿De qué se sorprenden estos periodistas? Seguro que ellos no saben que las víctimas de tráfico españolas somos las menos indemnizadas de toda Europa. Tampoco saben que para las compañías de seguros es un chollo asentarse en España porque las indemnizaciones pagadas en nuestro país son de las más bajas y que se corresponden con un baremo del año 1995

Sirva como ejemplo esta imagen sobre indemnización, de un bebé accidentado en Alemania.

Quizás no sepan que la Ley contempla en la reparación del daño, el daño moral, el lucro cesante, los daños emergentes, perjuicios materiales, perjuicios morales, para los agraviados, los familiares, terceros,  pero que las indemnizaciones no lo contemplan.

Que las indemnizaciones son solo por las víctimas, víctimas muertas, pero que las víctimas familiares no recibimos ningún tipo valoración y como consecuencia  indemnización por las secuelas producidas por esa muerte traumática. No se valoran, miden, especifican las secuelas psicológicas de padres y otros familiares que arrastrarán de por vida depresión, fobias alteraciones sicosomáticas, que pierden el empleo por no ser capaz de de recuperare y realizarlo a pleno rendimiento. Que los tratamientos psicológicos para realizar un duelo sanador son pagados por los familiares sin ningún tipo de ayuda.  De que existen hijos que no vuelven a tener la figura de un padre y que, en muchos casos, tienen que acortar su periodo de formación para entrar en el mercado laboral, si pueden, porque su situación económica ha variado totalmente.

Y no hablemos de esos miles y miles de heridos que cada año cambian su vida, costumbres, pérdida de trabajo, tienen que adaptar su casa o buscar otras, porque ya no pueden vivir ni hacer nada de lo que antes hacían. Y se encuentran que  tienen que conseguir una silla de ruedas a través de una organización benéfica, extraordinaria labor,  que les ayuda a vender tapones de plástico para poder adquirirla.

Cómo esos periodistas que se les supone tienen que investigar, contractar, verificar noticias, pueden saber tan poco de este tema, en el que le dan cien mil vueltas cualquier padre que haya perdido un hijo en los mal llamados accidentes de tráfico.

Cómo no saben que se está tratando de modificar unos baremos que llevan años desfasados, que después de su implantación  fueron posteriormente modificados a la baja y que consensuaron las aseguradoras en beneficio de ellas y no de las víctimas.

Cómo no saben que en estos últimos años las cifras de accidentes han disminuido, pero que el número de coches y conductores ha seguido aumentando, con el beneficio que conlleva para las aseguradoras.

Por favor, si lo sé hasta yo, una simple madre, ahora una madre sin hijos.

Ya está bien de ser las víctimas pobre, olvidadas, ignoradas, justificadas porque los accidentes es un tributo que tenemos que pagar al dios del progreso,  porque somos un goteo continuo, de uno en uno, que cada fin de semana se convierte en no menos de 10 y al cabo de un año, en el mejor de los casos de estos últimos años pasamos de más de 2000.

La indemnización fría que estipula el estado, tanto por un pié, un brazo, un dedo, un muerto, nos quema a cualquier padre. Muchos de ellos la destinan a acciones benéficas, a la ayuda de la prevención de otros accidentes, a la memoria de su ser querido, pero esa indemnización, en el caso de los heridos graves, de los hijos huérfanos, de las viudas sin trabajo, son más que necesarias. Y no hablemos de aquellos que van a necesitar, de por vida, cuidados especiales de terceros.

Las indemnizaciones justas es un acto de justicia que el estado, la sociedad debe cubrir para paliar el daño producido, que no digo restablecer el orden alterado porque, todos sabemos que la vida no tiene precio para el que la pierde y sus familiares, pero alguien tiene que poner un precio, y este tiene que ser justo, no obsoleto y, por supuesto, a tiempo, cuando se necesita, no después de años y años de litigio o tardanza por parte de la justicia.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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Ayer, en el diario El País, podía ver la esquela de Isabel Otero Domínguez, fallecida en accidente de tráfico en Pedrola (Zaragoza), a los 63 años de edad. Lo que faltaba en  esta esquela era algo muy importante: el motivo.

Esa esquela deberían haber incluido: fallecida en la mortal N-232, por su no desdoblamiento.

Esta carretera cuenta en su haber con muchos fallecidos y es una de las más peligrosas de España. Así lo recoge el informe anual de Eurorap, en el que participan el RACE, el RACC y varios clubes europeos del automóvil, destacando que este tramo, cuyo desdoblamiento se considera una prioridad en la Comunidad aragonesa, es el segundo del país en el que se registran más choques frontales.  En este año ya ha habido cinco víctimas.

¿Cuántas más tiene que haber?

He encontrado un vídeo que muestra la intensidad de tráfico que tiene esta carretera y, como consecuencia, su peligrosidad.

Mi solidaridad para con esta nueva familia, para una hija que se queda sin madre. Vuestro dolor es también el mío.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

http://youtu.be/oTW4b__fmjA

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