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Archive for the ‘Velocidad’ Category

¡La Velocidad Mata!

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Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Cada vez conozco o tengo referencias de más víctimas de atropellos en pasos de cebra. Esas víctimas menos conocidas porque no se producen en una carretera y van en otro macabro computo y que en los últimos años cada vez son más numerosas.

Cuando me encuentro a la espera para poder acompañar a una reunión a una víctima: una madre que perdió a su niñito en un paso de cebra delante de la guardería, me entero del atropello de un niño de 13 años, de mi tierra, en otro paso de cebra.

Las víctimas por atropello son las única que no han descendido, cada año se producen unas 200 víctimas, y son las protagonistas en los nuevos planes de Seguridad Vial para el próximo decenio pero, mientras tantos, los ancianos, los niños y los ciclistas, siguen siendo los más vulnerables en los accidentes de tráfico de las zonas urbanas.

Anoche, cuando me enteré de este nuevo atropello, que me afectó mucho, recordé que tenía pendiente la escritura de este post, pero no sabía cómo enfrentarlo porque cada día me cuesta más compartir más dolor, y cada día tengo menos palabras para reflexionar sobre estos casos.

A veces, pienso que los pasos de cebra son solo verdaderas ratoneras que producen accidentes, porque a diferencia de los semáforos, que dan más seguridad y son pocos los que no los respetan, que también los hay, los pasos de peatones no los respeta nadie. Ya pueden estar elevados, pintados, señalizados, ¿quién no se los pasa o se los ha pasado? Con el consiguiente peligro para el peatón que somos todos, porque ante todo somos peatones.

(Un mal ejemplo de paso de cebra en La Manga, zona de Ayuntamiento de San Javier. Murcia)

El mismo miedo me producen esos semáforos en ámbar, que el luminoso indicativo de quién tiene el paso está de forma que el conductor no lo ve y el peatón sí. Sé que están puestos así para que el conductor tenga que detenerse pero eso díselo tú a todos los conductores.

No me fío de los pasos de cebra. No me gustan. No me producen seguridad. Entiendo que la solución no es quitarlos pero siguen siendo muy peligrosos y no es la primera vez me he visto en peligro.

Los conductores seguimos marchando a más velocidad de la que indican las señales de las calles, la verdad es que a 30 casi se va más deprisa andando, y aún así, se sigue atropellando, porque no es solo la velocidad lo que mata sino la falta de educación, sensibilidad, generosidad y respeto hacia el resto de las personas. A treinta seguimos sin ver a nuestro prójimo, claro que te da más tiempo de parar, pero es que a13 Km. por hora el golpe que recibes es también mortal.

¿Cuál es la solución? Muy complicada mientras que no cambiemos de mentalidad y actitud: menos coches, más educación, menos prisas, más amor a la vida.

Mi solidaridad para esos nuevos padres que engrosan la lista de madres y madres sin hijos. Mi abrazo para la hermana de mi amiga que fue testigo de este nuevo atropello y lo está pasando fatal. Mi frase más repetida y que cada día me cuesta más pronunciar: Vuestro dolor es también el mío porque, antes, ya fui yo.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

 

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(Las calas de Helena. Pintura de la artista Mª Victoria Navarro. Badajoz)

Cuneta: Zanja en los lados de un camino para recibir las aguas llovedizas

Cuando era pequeña y viajaba en la moto de mi padre, le preguntaba que significaban esas cruces a los lados de la carretera, siempre con flores. Me decía que eso quería decir que ahí había muerto alguien, bien por un accidente de tráfico o muerto en la guerra. Y yo seguía insistiendo:¿pero están ahí enterrados? Él me decía que no, que era solo algo para recordar.

Nunca supe, con exactitud, dónde termino la vida de mi hija, más allá del punto kilométrico que recoge el atestado. Cuando tuve fuerzas para pasar por
allí, estaba muy cambiado. Habían realizado obras. Había construido un carril bici, vallado, pintado. Ni rastro de restos de coche.

La siguiente vez que pasé, había varios ramos de flores en la valla metálica, pero estoy segura que no eran por mi hija. En ese punto más o menos, habían muerto 5 trabajadores cuando volvía de la celebración que les dio su empresa por el buen  trabajo que realizaban en  la construcción del Ave del Norte. Parece ser que también estuvo por medio el alcohol, aunque nada que ver con los niveles del que causó la muerte de mi hija.

Nunca llevé flores a ese lugar, pero respeto a los que lo hacen. No sé si no lo hago por no sufrir más o porque no estoy segura si eso ayuda a concienciar o prevenir a otros conductores. Hay quien dice que eso solo conlleva a distraer, creo que no, pero tampoco dice la verdadera causa de la muerte producida en ese lugar, en el caso de mi hija no era un punto de especial riesgo. El único riesgo fue haberse cruzado con un conductor borracho.

En algunos países sudamericanos, pintan una estrella amarilla en el lugar donde se produce esta desgracia de perder a un ser querido. Como ellos dicen, víctimas de tránsito. En una ocasión, un motero me decía que no estaba seguro de que esa acción no pusiera en peligro a otros conductores como eran los moteros, si no se utilizaba una pintura especial, antideslizante.

Hace poco, en mi ciudad, donde perdieron las vida tres jóvenes, entre ellos la hija de una amiga, y después de que los padres de estas víctimas pidieran repetidas veces que mejoraran esa zona para que no se volvieran a producir otro accidente (zona de puente con barandilla), ha sido modificada y mejorada. Hace unos días, cuando pasé, el padre de uno de esos jóvenes estaba poniendo unas flores en un lugar que ya no tenía nada que ver a como estaba y, en ese momento, quien me pareció que estaba corriendo peligro era ese padre.

El caso es que hoy, las cunetas y algunas calles están llenas de rastros de siniestros, de miles de víctimas que recuerdan una guerra más absurda aún que la que tuvimos. Una guerra inexistente que se lleva, especialmente, a los jóvenes, como las de antes. Y si la anterior fue fratricida, esta es absurda, innecesaria y prevenible.

No sé, quizás todos tengan razón. Los que están a favor y los que se oponen. Pero de lo que estoy segura es que la visión de una cruz, un ramo de flores, una foto, conllevan a reflexionar, a levantar el pie delacelerador, a pensar en la fugacidad de la vida. Y a mí, que siempre digo: aquí
ha habido ruina, a solidarizarme con otra madre, con otros compañeros de desgracia, porque sé cuántas vidas se han roto en ese lugar.

(Lugar donde se acabó la vida de Cristina, Jose, Miriam y David)

(Lugar donde mataron a Sandra)

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

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Ortega Cano, a la salida de los juzgados, tras prestar declaración como imputado de tres delitos: homicidio imprudente y dos delitos contra la seguridad vial, por conducción temeraria y bajo los efectos del alcohol, ha dicho “Que sea lo que Dios quiera”. Una frase muy acorde con el lenguaje taurino como esa otra que dice: maestro, que Dios reparta suerte.

Pero es que los mal llamados accidentes de tráfico no son cosa de Dios, ni se justifican por la acción del mismo. Y, aunque es como una lotería, no se puede uno encomendar a Dios, para no tener un accidente, porque los accidentes, la mayoría, son previsibles.

Como es natural, y en el estado de derecho en el que nos encontramos, y según dijo una vez, muy segura ella, María José Campanario: yo no tengo que demostrar que soy inocente, que se supone, como cualquier español, la justicia es la que tiene que demostrar que soy culpable. Pues eso mismo es lo que ha hecho Ortega Cano: Yo no he bebido, yo no he corrido… pero no recuerdo nada.

Los abogados de Ortega Cano impugnarán la prueba de alcohol. Están en su derecho, por desgracia. Porque, tristemente, la ley no tiene previsto que cuando el implicado no puede realizar la prueba de soplado y no puede dar su consentimiento para una prueba de sangre, no se le puede extraer la misma. Pero  le va a ser difícil ir en contra del informe de la Guardia Civil, que dice que iba a más velocidad de la permitida.

Yo espero, y deseo, que esos testigos que hasta ahora han dicho que le vieron beber, no se echen para atrás. Que declaren la verdad. Únicamente la verdad. Que piensen que es fundamental su declaración como testigos.

Al causante de la muerte de mi hija le realizaron la prueba dos veces, con resultado muy positivo, pero la declaración de la persona que iba con él en el coche fue fundamental para saber qué fue lo que pasó. El acusado, no reconocía ni su firma en el atestado, cuestionaba el aparato medidor de alcohol, y además decía que venía otro coche, que le dieron por detras, etc. Todo mentiras.

Entiendo que para este testigo fue duro y difícil declarar porque iba con él en el coche, porque eran compañeros, porque pienso que viniendo del mundo militar, probablemente, pudo estar presionada, porque lo pasó muy mal, con muchos nervios o tal vez miedo, pero cumplió con su obligación: decir la verdad.

Y será fundamental que se demuestre que llevaba alcohol porque ya han salido a relucir, enfermedad, medicamentos, vahído, arritmias que, por supuesto, pueden producir un fatal accidente, pero eso también es previsible y evitable, no tomando alcohol o llevando un conductor, que en este caso se lo puede permitir.

Sí hubiera habido en ese momento un infarto, supongo que los médicos lo habría detectado. Sí se demostrara que fue un tema de enfermedad, tendría mi comprensión, pero mientras no se demuestre, para mí es un tema de irresponsabilidad total. Un delito. Y no será lo que Dios quiera. Esperemos que sea un acto de justicia.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por un conductor con alcohol.

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Anoche estaba especialmente triste. Me pasa siempre cuando son las fiestas de San Sebastián de los Reyes.

Ayer, Dani Martín actuaba en su casa, así lo admitía con el vídeo que iniciaba su actuación
emulando a E.T. y “mi casa”. Pero esto no lo sé porque estuviera allí, que no estaba, aunque sí me invitó una vez a uno de sus conciertos pero fui tan desagradecida que no asistí. Lo sé gracias a los vídeos que han subido su fans a Youtube.

Pero, ayer, tenía doble tristeza. Al hecho de que DaniMartín cantaba en San Sebastián de los Reyes, y Helena no podía verlo, se unía que conocía la noticia del informe de la policía sobre el accidente provocado por Ortega Cano, en su día también vecino de San Sebastián de los Reyes o de Alcobendas,  posteriormente.

Dos vecinos, completamente distintos.

Las anotaciones de Helena cuando actuaba El Canto del Loco

(Las anotaciones de Helena cuando actuiaba El Canto del Loco)

Dani Martin me recordaba la parte más lúdica y festiva deHelena, llena de alegría y gusto por las fiestas de Sanse, y Ortega Cano me recordaba que mi hija ya no podrá asistir a ninguna fiesta, a ningún concierto
de ningún cantante, porque alguien decidió beber y conducir.

Cuando terminaban las fiestas, según Helena.

Ortega Cano juró por sus hijos, que no había bebido. El que mató a mi hija se inventó un choque en cadena que no existió. Incluso trató de hacer pasar a su copiloto por conductora para salvarse de la quema pero resultó que la persona que le acompañaba no tenía carnet de conducir. Entonces, cuando
se dio cuenta de que no tenía salida, dijo: “me acabo de partir la vida”. Pero a quien realmente había partido la vida fue a mi hija. Y a nosotros.

Ortega Cano tendría que ser valiente y admitir lo que hizo. Esa sería la mejor postura. La más torera. La más honrada.

Porque lo que está claro es que los únicos que no bebieron fueron mi hija, hace seis años, y Carlos Parra, que casualidad,  el día que mi hija habría cumplido 27 años, según lo indican ambas autopsias.

Ellos murieron por el alcohol que otro tomó.

Solo queda mi lamento

Y decir: te quiero de verdad,

solo queda que aún te siento

y que siempre te voy a recordar.

Muero si no estás, y ya no estás…

Te pierdo y te me vas

Te fuiste ya.

Porque ya no te tengo

eras mi vida y ya no estás,

y sé que ya no estás.

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás

te llevo tan tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

y es que ya no te tengo y perdón por si no te supe amar.

Hoy me quedan tus momentos,

eres la cara más bonita que habrá…

Tenerte cerca ha sido el premio

el más grande que he llegado a alcanzar.

Me muero si no estás

y ya no estás

te pierdo y te me vas

te fuiste ya.

Porque ya no te tengo

eras mi vida y ya no estás

y sé que ya no estás

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás…

te llevo tan, tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

es que ya no no tengo y perdón por si no te supe amar.

Siempre pienso aunque estés lejos

y te juro que te puedo notar

Cerca quedaran tus gestos

y tu carita de princesa, mi hermana.

Me muero si no estás,

y ya no estás…

te pierdo y te me vas

te fuiste ya.

Porque ya no te tengo eras mi vida y ya no estás

y sé que ya no estás

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás

te llevo tan tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

y es que ya no te tengo y perdón por si no te supe amar.

Este es el lamento de Dani Martín, por su hermana. Jamás pensé que después del  envío
de mi carta
y su llamada a casa, el mismo conocería el dolor de la pérdida. ¡Cómo siento el dolor de su madre! Esa madre que me ayudo para que mi carta llegara hasta sus manos.

También es mi lamento.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por la acción de un conductor borracho.

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El próximo día 30 de Junio termina el plazo, en principio, de la
limitación de velocidad a 110 km. por hora.

Parece ser que el ahorro de combustible ha sido efectivo y el ahorro de víctimas también, entre Enero y Mayo, el número de muertos ha bajado un 9,5% respecto al año anterior. Pero sigue habiendo detractores y partidarios. Yo lo que sé es que la vida va a más de 110, que nos quejamos del estrés y las enfermedades que produce, que hay una gran tendencia del pensamiento y la filosofía “Slow” (Vida Lenta), pero que cuando vamos a un sitio queremos llegar lo más rápido posible. ¿No es una contradicción?

Yo recuerdo que los viajes en la moto de mi padre eran toda una aventura. Nunca sabías si llegarías al destino porque nunca conocías en qué punto se pararía, en qué lugar del camino mi padre tendría que sacar su lijita y limpiar la bujía, renegaría de mi madre a la que culpaba de que “tenía la negra”, pobre mujer, si ella no tocaba la moto ni para limpiarla y eso que le encantaba el trapo. Y no era porque mi padre fuera un mal hombre y machista, al contrario, era porque en
aquellos tiempos todos los hombres eran machistas o tenían que parecerlo.

Entonces, cuando la moto no se paraba por sí sola, había que hacerlo para descansar, estirar las piernas o coger flores, y si nos gustaba mucho el lugar, nos quedábamos. Sacábamos el mantel y la tortilla y ese día no llegábamos a donde mi padre había dicho pero era igual, así había una próxima vez.

¿Cuántos de nosotros hacemos el mismo camino a la playa, a la montaña, al pueblo, durante años, y no conocemos los pueblos por donde pasamos? Todos.
Hay que llegar lo antes posible y volver corriendo. Y necesitamos ir a más de 110 porque el lunes hay que estar trabajando y vuelta a empezar.

Por supuesto que soy la primera que ahora se me hace más largo el camino pero también es verdad que ahora se me hace más largo todo. La vida se
me hace eterna, tanto que, a veces, no puedo con ella.

Creo que pocos respetan el 110 pero les obliga a ir más despacio. Y si ese ir más despacio sirve para que otras madres no hayan perdido a sus hijos, para que algunos niños se fijen en que en los campos hay flores y les pidan a sus padres que paren para cogerlas, si sirve para que nos empecemos a acostumbrar a ir más despacio en esta vida, yo me apunto a seguir a 110.

¿Y tú te apuntas?

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por un conductor que bebió con demasiada prisa.

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