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Archive for the ‘Musica’ Category

“Cuando la muerte entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. Esta frase se la escuché a una madre que había perdido a su hijo en uno de esos mal llamados accidentes de tráfico, y después se separó de su marido.

¡Y son tantas y tantas las parejas que se rompen después de la pérdida de un hijo!

El dolor es tan grande, tan difícil de llevar, tan complicado de compartir, que muchas parejas se rompen en este trance.

También es cierto que algunas parejas que ya se habían roto antes del suceso, se vuelven a unir para compartir ese dolor, pero no es lo más habitual.

El dolor de cada uno es único. Nadie te lo va a quitar. Y cada uno lo va a manifestar de forma distinta. Por eso es tan importante, respetar al otro en sus manifestaciones y acciones, e intentar compartir, como hasta entonces se ha hecho con el resto de cosas que unen y separan a una pareja pero que se van superando día a día.

La pérdida de un hijo es un golpe mortal para los progenitores, por igual en el hombre que en la mujer, pero cada uno lo manifiesta de forma diferente.

La rabia, el odio, la pena, la angustia, la tristeza, la desesperación, son sentimientos humanos, perfectamente reconocibles y sentidos por todos los que hemos sufrido la pérdida de un hijo, y cada uno los irá sintiendo, manifestando o actuando sobre ellos de forma muy distinta. Y la depresión, como consecuencia, es comprensible y fácil de implantarse, pero siempre habrá una parte de la pareja que intentará salir de ella y ayudar a la otra. Esto no quiere decir que ese otro sienta el dolor de forma menor y por eso se sobrevenga, se sobreponga, que quería menos a la persona perdida. Creo que es solo un mecanismo de defensa de la vida, de la especie, porque la vida está llena de engaños para que no se acabe, para que perdure.

Siempre he dicho que si no hubiera sido por mi marido nos hubiéramos muerto de inanición porque yo dejé de cocinar. Él fue quien se encargó de comprar y cocinar. Él fue siempre quien intentó normalizar nuestra vida.

La mayoría de las veces, es el hombre el que quiere seguir con la vida, el que dice que ya no se puede hacer nada y hay que seguir adelante, por la propia pareja, por el resto de hijos. ¿Es bueno o malo? ¿Tiene que ser así? Pues nada es blanco o negro. Los cimientos más sólidos en cuanto a pensamiento, creencias, sentimientos, se viene abajo, se cambian, se pierden o se encuentran después de una tragedia como la que nos ha ocurrido.

También suelen ser los hombres los que quieren seguir con la vida sexual, algo inexplicable para muchas mujeres, pero algo entendible y explicable para los expertos. Algunas personas necesitan sentirse vivos, ante tanta muerte. Puede, incluso, que tengan mayor actividad sexual que anteriormente a esta desgracia. Es su forma de expresar el dolor y el miedo a la muerte. También ocurre ante problemas de enfermedad.

Y esa forma distinta de llevar el dolor, a veces, desune más que une: ¡Cómo puede querer comer, salir, reír, hace el amor!

Si logramos entender al otro, respetarlo, vivir nuestro dolor y no criticar el del otro, quizás podamos lograr sobrevivir al duelo y no perder más por el camino.

El dolor lo ensucia todo, hasta las relaciones más estables y duraderas. Porque el dolor es sucio, no es bueno, ¿a quién le enseñan a soportar o conllevar el dolor? Aunque la llegada a este mundo suponga nuestro inicio con el dolor, el primer hecho es que nos dan un azote, nadie se prepara para el dolor, sino para la felicidad.

Las mujeres debemos ser conscientes de las diferencias entre hombres y mujeres. Existen en todas las facetas de la vida, mal que nos pese. Y, por supuesto, no iba a ser distinto ante la muerte y el dolor. Pero los hombres tienen, también, que respetar esta diferencia de las mujeres. Recuerdo el comentario de un padre que hace muchos años perdió a su hijo en una moto, también era hijo único, en el entierro de su mujer: ¡Se tiró cinco años llorando y besando su fotografía! Pero lo que me conmocionó es que el comentario lo hacía de forma sarcástica, con asco.

Eso no puede ser, cada uno tiene que respetar el dolor del otro, por mucho que el dolor del otro le produzca más dolor a la otra parte. Porque muchas veces ese es el problema: No quiero que me ensucies con tu dolor. No quiero saber nada de dolor. No quiero sentir más dolor.

Y este tema, que se ha llevado a la pantalla muchas veces, ahora mismo, también se trata en una de las serie más larga de nuestra televisión pública: Amor en tiempos revueltos.

Como a los dos años de perder a mi hija también perdí mi trabajo, el que había tenido durante más de treinta años, me enganché a esta serie.

En la soledad de mi hogar, durante muchas horas, hasta que volvía mi marido de su trabajo, lloraba, escribía, lloraba, y comencé a entretenerme con esta serie que por aquella temporada trataba temas de unos pocos años anteriores a mi nacimiento. También,porque la canción de su sintonía tenía tantas cosas en común con todos los que tenemos que reinventarnos nuestra vida.

Este año, no sé si es su sexta temporada, uno de su personajes ha muerto atropellada por una moto, que estoy convencida se llegará a comprobar que fue la moto que el padre de la víctima no quiso rectificar porque le parecía que eso no debía hacerse porque podía poner en peligro la vida del conductor y la de los peatones. Un tema también de actualidad, muchos jóvenes se matan con sus pequeñas motos que han llevado a talleres que las rectifican y les ponen motores con más fuerza. Pues, la excusa de la muerte de esta protagonista está sirviendo para mostrar como sufre cada miembro de una familia, como lo expresa y los problemas que conlleva la pérdida de un hijo en una pareja.

Aunque algunos detalles son de ficción, hasta lo que llevan emitido está bastante bien reflejado el dolor de una familia y como lo enfrentan y resuelven cada uno de sus miembros. Como los episodios están en internet, os invito a verlos si os apetece, porque en este caso, es la madre la que quiere seguir con la vida, a pesar de su dolor.

Cada uno necesita un tiempo para hacer su duelo y nadie puede decir cuánto tiempo es el necesario. Cada uno se agarrará a una forma distinta de sobrevivir. Cada uno sentirá su dolor de forma distinta, porque el dolor, como todo en este mundo, tiene diversas caras. Pero nadie puede decirle a otro cuando se ha terminado el dolor, como antiguamente se les decía a los niños, después de darles una bofetada: se acabó de llorar, no llores. O los niños no lloran.

El dolor compartido no es menor pero es más llevadero, fue una frase que se me ocurrió en nuestra primera reunión de Madres sin hijos, porque es lo que creo y pienso. Y ese es el mensaje que envío a las parejas.

Todas las parejas tenemos y hemos tenido problemas. ¿Quién no? ¿No discutes con el vecino, con el compañero de trabajo, con el amigo rival de equipo de futbol, con tus padres, con tus hermanos, con tus hijos? Con la muerte de un hijo surgen nuevos problemas, pero el dolor no es motivo para romper una pareja. Si no lo has hecho antes no tomes como excusa este motivo para justificarte. Quizás sea el momento para renovar tu amor. Amor a la vida. El amor que te dejó tu hijo.

Despertar con la luz de la mañana

y renovar otro día mas la fuerza

para amar, en tiempos revueltos

Descubrir sin quererlo así lo frágil que es vivir

decidiendo a cada paso un porvenir

de futuro incierto

No es sencillo avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar

Le canto al viento por todo el que venció su desaliento

le canto al mar por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar

Versión de Nuria Fergó (a la que decían se parecía mi hija)

 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Anoche estaba especialmente triste. Me pasa siempre cuando son las fiestas de San Sebastián de los Reyes.

Ayer, Dani Martín actuaba en su casa, así lo admitía con el vídeo que iniciaba su actuación
emulando a E.T. y “mi casa”. Pero esto no lo sé porque estuviera allí, que no estaba, aunque sí me invitó una vez a uno de sus conciertos pero fui tan desagradecida que no asistí. Lo sé gracias a los vídeos que han subido su fans a Youtube.

Pero, ayer, tenía doble tristeza. Al hecho de que DaniMartín cantaba en San Sebastián de los Reyes, y Helena no podía verlo, se unía que conocía la noticia del informe de la policía sobre el accidente provocado por Ortega Cano, en su día también vecino de San Sebastián de los Reyes o de Alcobendas,  posteriormente.

Dos vecinos, completamente distintos.

Las anotaciones de Helena cuando actuaba El Canto del Loco

(Las anotaciones de Helena cuando actuiaba El Canto del Loco)

Dani Martin me recordaba la parte más lúdica y festiva deHelena, llena de alegría y gusto por las fiestas de Sanse, y Ortega Cano me recordaba que mi hija ya no podrá asistir a ninguna fiesta, a ningún concierto
de ningún cantante, porque alguien decidió beber y conducir.

Cuando terminaban las fiestas, según Helena.

Ortega Cano juró por sus hijos, que no había bebido. El que mató a mi hija se inventó un choque en cadena que no existió. Incluso trató de hacer pasar a su copiloto por conductora para salvarse de la quema pero resultó que la persona que le acompañaba no tenía carnet de conducir. Entonces, cuando
se dio cuenta de que no tenía salida, dijo: “me acabo de partir la vida”. Pero a quien realmente había partido la vida fue a mi hija. Y a nosotros.

Ortega Cano tendría que ser valiente y admitir lo que hizo. Esa sería la mejor postura. La más torera. La más honrada.

Porque lo que está claro es que los únicos que no bebieron fueron mi hija, hace seis años, y Carlos Parra, que casualidad,  el día que mi hija habría cumplido 27 años, según lo indican ambas autopsias.

Ellos murieron por el alcohol que otro tomó.

Solo queda mi lamento

Y decir: te quiero de verdad,

solo queda que aún te siento

y que siempre te voy a recordar.

Muero si no estás, y ya no estás…

Te pierdo y te me vas

Te fuiste ya.

Porque ya no te tengo

eras mi vida y ya no estás,

y sé que ya no estás.

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás

te llevo tan tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

y es que ya no te tengo y perdón por si no te supe amar.

Hoy me quedan tus momentos,

eres la cara más bonita que habrá…

Tenerte cerca ha sido el premio

el más grande que he llegado a alcanzar.

Me muero si no estás

y ya no estás

te pierdo y te me vas

te fuiste ya.

Porque ya no te tengo

eras mi vida y ya no estás

y sé que ya no estás

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás…

te llevo tan, tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

es que ya no no tengo y perdón por si no te supe amar.

Siempre pienso aunque estés lejos

y te juro que te puedo notar

Cerca quedaran tus gestos

y tu carita de princesa, mi hermana.

Me muero si no estás,

y ya no estás…

te pierdo y te me vas

te fuiste ya.

Porque ya no te tengo eras mi vida y ya no estás

y sé que ya no estás

que me castigue el cielo por si algo hice mal

y sé que ya no estás

te llevo tan tan dentro que ni el tiempo barrera

y no se va a curar

y es que ya no te tengo y perdón por si no te supe amar.

Este es el lamento de Dani Martín, por su hermana. Jamás pensé que después del  envío
de mi carta
y su llamada a casa, el mismo conocería el dolor de la pérdida. ¡Cómo siento el dolor de su madre! Esa madre que me ayudo para que mi carta llegara hasta sus manos.

También es mi lamento.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por la acción de un conductor borracho.

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Antes se llamaban fiestas ilegales, ahora se llaman “raves”, y con la muerte de dos jóvenes y otro muy  grave, el pasado fin de semana, ha salido a la luz algo más que hacen nuestros jóvenes para divertirse, quitándose la vida.

Todos los medios de comunicación se hacen eco de estas dos nuevas muertes por consumo de drogas (alcohol, drogas,estramonio, etc.), en una fiesta de esas. Pero no he encontrado la noticia de la muerte de otros dos jóvenes, hace tres o cuatro años, cuando salían igualmente de una de estas fiestas celebrada en la misma finca, “La Aldehuela”, en Perales del Rio, o más conocido como “El monasterio de Getafe”, en un accidente de tráfico en la entrada de la M-30.

foto de Juan Diego Quesada. El País.

Porque estas “raves”, como se les llama ahora y que no son otra cosa que fiestas fueras de una discoteca, en edificios abandonados,  con música practicada por un dj desconocido, y donde se consume alcohol,  cocaína, éxtasis, etc., son lugares inmundos, alejados de poblaciones, a donde se llega andando a través del campo y en otras en coche, más tarde,  después de estas concentraciones y del consumo de toda clase de guarrerías, se vuelve a salir en coche.

(Planta de Estramonio)

Si no mueren, poco a poco,  por lo que se toman por la boca, morirán volando en un coche o lo que es peor, matarán a otros que no tienen ninguna culpa.

Pero cosas como éstas que acaban de suceder y cambiarán la vida a dos nuevas madres sin hijos, llevan ocurriendo 8 años, en este paraje, en este lugar, y no se hace nada.

¿Cómo se puede permitir que estas cosas sigan ocurriendo?

Los padres porque no se enteran; las autoridades porque no pueden hacer más que abortar algunas de estas fiestas cuando vigilan, o ir recogiendo los cadáveres una vez realizadas; los políticos porque no se ponen de acuerdo nada más que para el “y tú más”, y el resto de sociedad porque nos quejamos, criticamos, lloramos, pero no nos implicamos en cambiar a los jóvenes.

Foto Luis Sevillanol.s. El País.

No solo hay que buscar a la persona que preparó el líquido que durante la fiesta se  repartió, como están diciendo los medios de comunicación. Hay que buscar a los responsables de que este lugar albergue fiestas de este tipo, ésta y todas las que se celebran en otros lugares, incluso más cercanos a la ciudad. Y a los que criamos y educamos jóvenes que algo de culpa debemos tener.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, que murió por la acción de un conductor borracho.

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Comienzas las fiestas en España. La virgen de Agosto sirve para unificar todas las fiestas de la mayoría de pueblos de España y es la excusa para volver al lugar de nuestros orígenes o el de nuestros antepasados.

Durante años, yo he celebrado las fiestas del pueblo de mi marido. Durante años, sin faltar.

Y disfrutábamos, especialmente de sus verbenas. Los tres. Como una piña. Helena, con sus veinte años, abandonaba la discoteca para ir a la verbena con nosotros, para bailar “la ventanita”, “el tiburón”, “que la
detengan”, “bomba”, “el chiringuito”… cualquiera de las canciones que ese verano estuviera de moda,  y “viva el pasodoble”.

Su último verano también lo pasó en las fiestas del pueblo de su padre, esta vez, incluso con su amor. Pero como ella, mucho serán los que éste sea su último año de fiestas en su pueblo. Muchos serán los que no vuelvan este puente de Agosto. Muchos los que se quedarán en nuestras carreteras secundarias. Esas que cubren y conectan la mayoría de pueblos de España.

Las fiestas llevan al alcohol, y éste está reñido con la carretera.

En estas fechas, más que nunca, echo de menos bailar un pasodoble. Ese que bailaba, orgullosa, con mi marido o con mi hija. El pasodoble que durante años me ha gustado enormemente. Ese que, creo, es el
único que mi marido se aprendió. Ese que nos hacía sentir vivos y felices. Un pasodoble español que, ahora, amplia más mi dolor, porque, además de los recuerdos de días felices, ahora me recuerda que el alcohol es la causa de todas mis penas.

“Viva el pasodoble” de Rocío Jurado, dicen que está dedicado a Ortega Cano.

Escuchar este pasodoble,  ahora, me produce rabia.

Ortega Cano: si habías bebido, ésta sería tu mejor corrida: torear ese toro con humildad y poniéndote como ejemplo de lo que puede pasar cuando bebes y conduces. Admitirlo, y hacer campaña. Porque en muchos pueblos, estos días, muchos padres bailarán tu pasodoble, y muchos de sus hijos, no volverán a casa.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol.

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Creo que no conocía al grupo “La buena vida”, no tengo a Helena para que me ponga al corriente o me informe de los grupos musicales pero hoy, en mi recopilación de noticias sobre accidentes de tráfico, leía que el bajista del grupo “La buena vida” Pedro San Martín, perdía la vida en un accidente de tráfico. Su coche se salía de la vía en la carretera N-120 Burgos-Logroño.

Cada día se pierden vidas en las carreteras. Personas anónimas, sin cara en las frías noticias, números en el papel, pero personas importantes en cada una de las casas donde dejan una silla vacía en la mesa, una habitación llena, y un corazón roto en las personas que les querían. Cada día conozco a nuevos padres que han sufrido esta pérdida.

Pero cuando son personas conocidas, artistas, cantantes, políticos, etc., siempre tengo la esperanza de que se unan a los que llevamos tiempo clamando en un mundo de prisas y coches en el que se siente irremediable o como una fatalidad, el que cada día alguien se quede en las carreteras o en las calles.

El nombre de este grupo que ha perdido a uno de sus miembros me sirve también para relacionarlo con lo que sucede después de una de estas pérdidas: se acaba la buena vida.

Aparece una nueva que puede que esté llena de buenos momentos o de esos que relacionamos con una buena vida pero ya nunca nos parecerá  buena porque nos falta algo muy valioso: nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestro grupo favorito.

No os acostumbréis a la pérdida en accidentes de tráfico. No es una enfermedad para la que no haya cura. No es cierto, sí es evitable. La buena vida empieza por vivirla con los que queremos.

Mis mejores deseos para la recuperación de Nacho Vegas, herido en este mismo accidente. Vuestro dolor es también el mío porque, antes, ya fui yo.

Caminamos deprisa y sin rumbo.
Aquel día abrasaba el sol.
Cruzamos corriendo las Siete Autopistas,
perdimos el control.
“Perdimos el control” Nacho Vegas.
 

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena, muerta por la acción de un conductor con alcohol

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Ahora que ya tú no estás aquí
siento que no te di
Lo que esperabas de mí.

Ahora que ya todo terminó
a quien de mi te alejó
Yo le quisiera pedir.

Que me deje sólo un día más
para poder hablar
De lo que eras para mí.

Que me deje disfrutar
de tu voz, y contemplar
Tus ojos una vez más.

Te escribo estas líneas
en papel,
espero que donde estés
El correo llegue bien.

Por aquí todos estamos bien
luchamos por seguir
como aprendimos de ti.

Echo de menos
el charlar y oír tu voz,
echo de menos
No tener tu apoyo, ¡no!

No creo en el más allá,
no sé dónde buscarte
Y aquí no estás.

No creo en la eternidad,
necesito encontrarte
Y estar en paz.

Necesito terminar
lo que un día empezamos
A planear.

Lo que quiero es tenerte
y no recordar.

No creo en el más allá,
no sé dónde buscarte
Y aquí no estás.

No creo en la eternidad,
necesito encontrarte
Y estar en paz.

Necesito terminar
lo que un día empezamos
A planear.
Lo que quiero es tenerte
y no recordar.!

Espera donde estés
pues tengo que vivir
y cuando muera iré
A charlar junto a ti.

No he apreciado
lo que he tenido,
no lo he apreciado
Hasta que lo he perdido.

No he apreciado
lo que he tenido,
no lo he apreciado
Hasta que lo he perdido.

Y si la fortuna o el azar
me dan la oportunidad
De volvernos a ver.

Juro que jamás te ocultaré
lo que hay dentro de mi ser
Te abriré mi corazón.

Te echo de menos,
Un beso, adiós, cuídate.
No nos olvides, muy pronto,
Nos volveremos a ver.

No creo en el más allá,
no sé donde buscarte
Y aquí no estás.

No creo en la eternidad,
necesito encontrarte
Y estar en paz.

Necesito terminar
lo que un día empezamos
A planear.

Lo que quiero es tenerte
y no recordar.

No creo en el más allá,
no sé donde buscarte
Y aquí no estás.

No creo en la eternidad,
necesito encontrarte
Y estar en paz.

Necesito terminar
lo que un día empezamos
A planear.

Lo que quiero es tenerte
y no recordar.

Ahora que ya tú no estás aquí…

“Requien”. Mago de Oz.

(Helena tenía en papel, guardado, la letra de esta canción. Tenía subrayado lo que está escrito en negrita)

El alcohol que otro tomó a ella la mató en un mal llamado accidentes de tráfico. Tenía solo 20 años.

Helena Castillo Zapata, muerta el 17 de Abril de 2005, por la acción de un conductor borracho.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena.

Calas, sus flores, de las que sería su ramo de novia, según decía.

Calas, Sari

Calas, Virtu

 

Calas, Manuela

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 Don’t Drive Drunk. Yo controlo.Un cuento de Navidad

 

-¡Venga, Manuel, otra!

-No, no.

-¿Cómo que no?

-Creo que ésta va a ser la última.

-Ja, ja, que rajado.

-No insistas duplicándote.

-¿Duplicándome?

-Sí. Me lo estás pidiendo tú y otro que está a tu lado igual que tú, jaja.

-¿Pero qué dices? No serás que estás un poco borracho.

-No, no, estoy perfesssto. Por eso ya no voy a tomar ninguna más. Esta es mi última copa.

Como era la víspera de Nochebuena  tenían solo media jornada ocupada y, como cada año, se iban de copas para celebrarlo. Pero en los últimos años las campañas de control de alcoholemia y los anuncios sobre no beber si se va a conducir, hacían cada vez más difícil esa celebración.

Manuel decidió que era hora de terminar con las copas. Nunca le había pasado nada y decía que “controlaba”, pero esos malditos controles de alcoholemia le podían hacer perder unos puntos de su carnet y parte de la paga extra de Navidad.

Dejo al resto de la cuadrilla y caminó hacia su coche. Pulsó el mando pero no se oyó el característico “clic, clic” ni se produjo el guiño de los intermitentes.

-Joder -dijo. Me temo que he bebido más de lo que debía.

Pensó que se había equivocado de lugar en el que había dejado el coche. Recorrió con la mirada al resto de coches aparcados por si hubiera sido un poco más arriba o más abajo.

– Juraría que fue aquí. -Volvió a pulsar el mando. Nada. Caminó hasta la parte trasera del coche y comprobó la matrícula.

 –Sí, es mi coche, sabía yo que lo había dejado aquí. -Volvió a pulsar pero el resultado fue el mismo.

-Se ha estropeado, ¡que oportuno! -Se dirigió a la puerta y pasando de mando, introdujo la llave.

 -¿Qué? No puede ser, ¿ésta tampoco? Vaya día.

Decidió llamar a su padre para que viniera a recogerle.

-Papá, no me funciona el mando del coche ni la llave, ¿Puedes venir a buscarme?

-¿Qué? No te funcionará el mando pero la llave…

-No, Papá, no funcionan.

-¿Y no será que no eres capaz de meter la llave? ¿Cuántas copas has tomado?

-Que no papá, que no. No soy yo, es la llave.

-Pues sabes, machote, te coges el tren y mañanas vas a recogerlo.

-¿Pero qué dices, papa? Mañana tengo partido, tengo que madrugar.

-Pues lo siento, chico. Yo no salgo ahora de casa, y tú haber pensado antes que hoy te ibas de copas.

-Joder, papá. -El pi, pi del teléfono le confirmó que su padre ya no estaba ni disponible  ni dispuesto a ir a recogerle. No le quedaba otra que tomar el tren.

Durmió toda la noche y se despertó con una resaca importante, -creo que sí me pasé con las copas, que dolor de cabeza. Estoy como para jugar un partido.

Llamó a su amigo.

– Hola Pedro, que no me esperéis, que no voy a jugar.

-¿Qué pasa, la resaca?

-No, no es solo eso, aunque sí tengo una buena, es que tengo que volver a donde estuvimos ayer porque me tuve que dejar allí el coche.

-¿Te dejó tirado?

-No, no me funciono el mando y la llave tampoco.

-Ja,ja, pero si a mí me veías doble ¿tú estás seguro que era tu coche?

-No te jode, pues claro. Había bebido pero sabía lo que me hacía.

-Ya, ya. Eso te pasa por no haberte dejado el coche en tu casa. Anda, panoli, ya le cuento yo al resto. Feliz noche.

– Feliz noche.

Subió al tren precipitadamente, éste estaba a punto de partir y se metió en el primer vagón que alcanzó. Una vez dentro, recorrió varios coches hasta llegar a uno de los más delanteros. Se sentó al lado de una joven y cuando lo hizo notó algo en el asiento a la vez que la joven le decía “perdona… mi gorro”.

¡Ah!, disculpa, no me he dado cuenta, lo siento.

-No pasa nada.

Un gorro de terciopelo marrón, brillante, casi como un sombrero de copa y que había vuelto a su estado como si nada hubiese pasado, después de aplastarlo, se encontraba ya en las manos de la joven.

– Es normal, a estas horas se va un poco dormido y más después de una juerga, comento la dueña del gorro.

-No, no he estado de juerga, bueno, sí pero fue ayer por la tarde.

-¡Ah! Pues tienes cara de resacoso.

-Un poco. Pero es más bien cara de fastidio. Ayer no conseguí abrir mi coche y ahora tengo que ir a recogerlo.

-¿Abrir o ponerlo en marcha?

-Las dos cosas. Ni funcionó el mando ni conseguí introducir la llave en la cerradura.

-Eso sería que no tenías que cogerlo.

-¿Cómo? No te entiendo.

-Sí, si estuviste bebiendo esa era la mejor forma de salvarte la vida.

-¿Qué estás diciendo?

-Que ayer tuviste a alguien que te echo una manita. Seguro que hoy funciona el mando y la llave y a ninguna de las dos cosas les pasa nada.

Manuel pensó, -otra loca como mi madre con el “te va a pasar algo”. Creyó que ya no debía decir nada más a esa desconocida y ella tampoco pronunció palabra. Poco antes de llegar a la siguiente parada, la joven se levantó, le sonrió y le dijo: adiós, suerte y no te olvides “si bebes, no conduzscasss”  imitando a Steven Wonder en un antiguo spot publicitario, campaña de la DGT.

La joven se caló el gorro, que casi le tapaba la cara. Se abrochó su abrigo acolchado de color rojo, sonrió y bajó del tren.

 

Manuel, le siguió con la mirada, y cuando el tren se puso en marcha volvió la cabeza para observarla nuevamente pero cuál sería su sorpresa cuando comprobó que, en el andén, no había nadie. Ni por detrás, ni por delante. Se había esfumado. ¿Por dónde se había ido? -¡Bah!

Volvió a sus pensamientos y a su dolor de cabeza. Cuando llegó al coche, instintivamente, pulsó el mando, clic, clic, y el coche se abrió. Fue en ese momento cuando se acordó de la joven. Se detuvo y cerró nuevamente el coche. Entonces, tomó la llave, la metió en la cerradura y la puerta se abrió.

-Cosa de brujería, dijo.

Se sentó, puso el coche en marcha, e inmediatamente la radio comenzó a oírse. Pensó -este mando está loco, vaya jugarreta-. Fue en ese momento cuando  se fijó en la canción que sonaba.  No era una canción reciente pero le resultaba familiar. ¿De qué le sonaba? ¿Dónde la había escuchado? ¿En la tele?

“Don’t Drive Drunk”, repetía el estribillo una y otra vez.

Flor Zapata Ruiz, madre de Helena. Diciembre de 2010.

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